22 diciembre 2011

Ayudando al equipo.

Por primera vez en muchos años, los Clippers se presentaron ante los Lakers con más estrellas que sus rutilantes y lujosos vecinos. Por eso, y por una larga lista de razones adicionales, el choque amistoso en el Staples Center de Los Angeles, el primero de la pretemporada, fue frío e incómodo para los ex campeones. Al largo parón por la huelga de jugadores, se unió el fracaso de la operación Chris Paul -que ha acabado jugando para el 'enemigo'-, el divorcio de Kobe Bryant hace tres días, y el justificado malestar de Pau Gasol por el intento del equipo de traspasarle sin más explicaciones.

Por si fuera poco, se notó el enorme vacío dejado por el inquilino habitual del banquillo angelino, el laureado Phil Jackson, sustituido por Mike Brown y por su asistente, el ex del Real Madrid Ettore Messina. Y a Ron Artest tuvieron que respetarle la ocurrencia: todos, incluyendo los comentaristas en el estadio, le llamaron por su nuevo nombre, Metta World Peace.

A parte de esas cuantas rarezas, el resto fue una discreta puesta en escena de pretemporada de los Lakers -con un estadio casi lleno, eso sí-, reforzados por las nuevas piezas que le echaron ganas, Josh McRoberts y Jason Kapono, y por el novato Darius Morris, con se fue a la ducha con 11 puntos y buenas sensaciones.

Insuficiente, sin embargo, para detener a los renovados e ilusionantes Clippers con Chris Paul, Blake Griffin y Chauncey Billups al frente, el equipo a batir este año según algunos expertos, que se llevaron el partido cómodamente por 114 a 95 y con argumentos similares a los de Dallas Mavericks hace unos meses, a base de tiros exteriores que la defensa angelina no fue capaz de contener.

«Ha sido un partido feo para nosotros», reconoció Brown, el nuevo encargado de manejar los egos de Bryant. «Lo que más me molesta es que hemos tenido jugadores que no han salido siquiera a obstaculizar los lanzamientos». El mismo problema que provocó su aplastante eliminación el año pasado.

De Gasol no dijo nada, al menos de su futuro, que es, probablemente, el mayor problema que tienen los ex campeones sobre la mesa en estos momentos. Aún existe la posibilidad de que sea incluido en una operación de canje y que viaje rumbo a Houston, según algunos medios locales, que no se olvidaron de presionar al español sobre sus sensaciones al verse la caras con el hombre que estuvo a punto de provocar su salida, Chris Paul.

«No ha habido intercambio de palabras», dijo el pivot catalán. «En realidad no tenía nada que decirle a Paul. Sólo nos dedicamos a jugar», señaló contento, satisfecho por su partido tras 16 puntos y siete rebotes que contentaron a la grada, la misma que le dedicó una cerrada ovación al comienzo del choque.

«Siempre es fantástico ponerse el uniforme de los Lakers y jugar aquí con la máxima intensidad posible», señaló Pau Gasol. «Estoy ilusionado con la nueva temporada. Es un gran reto, es mucho para asimilar, pero soy un profesional, soy un buen jugador y voy a poner mi mayor esfuerzo para ayudar a este equipo a alcanzar su mejor nivel», añadió.

Un discurso optimista que seguramente no pudo evitar que muchos de los aficionados se preguntaran lo que hubiera sido esta temporada corta con savia nueva, como la de Paul, un jugador con ganas y espectacular, que dejó pinceladas de su clase con 17 puntos, nueve asistencias, siete rebotes y cinco robos de balón.

La realidad es que, hoy por hoy, los Lakers ilusionan menos que sus vecinos. Por una vez, en el Staples brillan más los Clippers. Malo para Gasol.

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