26 febrero 2012

Escribiendo una novela negra

Carme Riera prueba suerte en la novela negra con Naturaleza casi muerta (Alfaguara), pero compensa esos primeros pasos en un territorio virgen hasta ahora para ella con su profundo conocimiento de los campus universitarios, escenario en el que se suceden una serie de extra√Īos cr√≠menes a partir de la desaparici√≥n de un estudiante rumano del programa Erasmus. 

«Si √ąmile Zola viviera hoy escribir√≠a novela negra», se√Īala la ensayista, escritora y catedr√°tica de literatura. Se refiere a la capacidad del actual -renovado- g√©nero para hablar en profundidad de la conflictividad social, para criticar las estructuras de poder, el modo en el que funciona el mundo. 
«Hoy son escritores como Mankell, Donna Leon y tantos otros los que son capaces de poner el dedo en la llaga, de alertar sobre lo que est√° pasando. Detr√°s de las intrigas que plantean son capaces de ejercer una cr√≠tica feroz contra determinados medios, ambientes y personas». 

En su caso, el blanco est√° claro: la Universidad y su proceso de descomposici√≥n. En Naturaleza casi muerta todo transcurre en el campus de la Universidad Aut√≥noma -en el que la escritora imparte sus clases-, en un momento de agitaci√≥n, cuando los piquetes antibolonia ocupaban el centro de la noticia. «Hoy el conflicto a√ļn est√° m√°s acentuado con los recortes. Las universidades cada vez se parecen m√°s a las cadenas de televisi√≥n. Lo que prima es la necesidad de conseguir fondos, de atraer clientes». 
Riera critica el hecho de que los alumnos con pocos recursos no puedan acceder a los m√°sters, mientras que cada vez hay m√°s estudiantes de pa√≠ses como China que se matriculan en nuestras universidades «en muchos casos sin controlar el idioma». 

«Llegar√° un d√≠a en el que no se podr√° suspender a nadie porque tendr√° mala prensa. Ya en Estados Unidos es algo que empieza a aplicarse, lo que sucede es que all√≠ los buenos alumnos sin medios cuentan con becas que les permiten desarrollar su talento. Nosotros no imitamos lo bueno de ese sistema educativo, sino lo peor». 
No es nada optimista Carme Riera. «En Espa√Īa el drama se acent√ļa por el recorte en investigaci√≥n, donde est√° el futuro de un pa√≠s, el motor de su crecimiento. En vez de impulsarla lo que se hace es estimular que los j√≥venes se marchen fuera». 

Toda esta problem√°tica est√° presente en una novela que se inscribe en la tradici√≥n de las novelas de campus, mucho m√°s habituales en el mundo anglosaj√≥n. 
«Los campus son macrocosmos en los que cabe todo: la ambici√≥n, el poder, las intrigas, el sexo...», se√Īala la autora mallorquina, quien tambi√©n da cabida en su libro al problema de la emigraci√≥n, a la xenofobia y a la distancia generacional entre alumnos y profesores, separados por sus ideales y por la grieta que ha abierto entre ellos la aparici√≥n de las nuevas tecnolog√≠as, de los nuevos lenguajes. 

Dicho todo esto, los amantes del g√©nero no pueden quedarse sin saber que Riera rinde homenaje a uno de sus maestro, Manuel V√°zquez Montalb√°n. El nombre de la subinspectora, Manuela V√°zquez, lo dice todo. «Si en algo no se parece a Carvalho», dice Riera, «es en sus dotes para la cocina». 
«De Montalb√°n he aprendido mucho, sobre todo a construir las tramas, y tambi√©n de Donna Leon, y de Mankell. Me he pasado dos a√Īos leyendo novela negra para poder asumir el reto de escribir una», reconoce. «¡Cu√°nto ha llovido desde Agatha Christie, madre m√≠a!», exclama.

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