07 marzo 2012

El enamoramiento tonto

Todavía no sabemos muy bien qué fue Arthur Cravan (1887-1918). Yo diría que esencialmente un espíritu aglutinador de todas las vanguardias que nacían en la Europa de los primeros años del siglo XX. Quien se decía, poeta, novelista, boxeador y sobrino de Oscar Wilde (también alto) tendía a parecer mentiroso. Pero era sobrino de Wilde -aunque sólo político- por ser sobrino carnal de su mujer, Constance Lloyd.

Pues Cravan era el pseudónimo querido por alguien que se llamó Fabien Avenarius Lloyd. Sabemos que en su bohemia radical, donde todo tenía cabida, hizo una revistita en París, entre 1912 y 1915, que abre todas las vanguardias y algún que otro disparate y que se llamó Maintenant (Ahora). Todos los números juntos son un libro pequeño. Cravan no escribió otra cosa -a veces no se tenía por escritor- sino ese hacer de su vida un raro espectáculo, como cuando en 1916 -huyendo de la guerra- boxeó en Barcelona contra un profesional como Jack Johnson. Se trataba de llamar la atención. 

Pero Cravan llegó a Nueva York y allí tuvo un romance con una de las mujeres más atractivas y singulares (fue pintora, actriz y poeta muy alabada) de la modernidad naciente: Mina Loy. Las cartas que se conservan de su último viaje por América, desde Canadá a México, no sabemos bien huyendo de qué o buscando qué, esas cartas a Mina Loy las acaba de publicar Periférica con el título de Cartas de amor a Mina Loy y digamos que completan la breve obra de este exhibicionista. 

Son cartas de amor, desde luego, y muy literarias a secuencias, pero también cartas de desesperación, de un hombre que busca la estabilidad y al tiempo mismo la detesta, como le debía pasar a Mina. Cuando iban finalmente a reunirse (rumbo a Argentina) él se embarcó en un velero y desapareció para siempre en el Golfo de México… Moría una leyenda y nacía uno de los grandes ídolos de Breton, en realidad con ciertos puntos de contacto con su otro ídolo, Jacques Vaché, también suicida si lo fue Cravan, como parece. Una de las últimas frases a Mina Loy dice: «La vida es atroz». Pero aunque le diga a Loy «queridísima», «adorada» o hasta «mi paloma», en los textos amorosos la desesperación aparece por todas partes, por no saber qué hacer y no sé si también por agobios materiales. 

«Estoy completamente agotado», «estoy horriblemente deprimido» y alguna que otra alusión al suicidio, no nos aclaran ese viaje con Robert Frost, pero sí su radical desesperanza y afán de ser una imagen pública, ligada a la literatura y al exceso también de amor, lo que vuelve a configurar otro clásico prototipo de vanguardista a por todas: la vida no es buena, el yo no tiene límites, los abusos son desables y el arte nunca está desligado de la propia vida, ni al final. Cravan lo cumplió a rajatabla. Es difícil no simpatizar con tanta voluntad de escena…

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