02 marzo 2012

Europa ha invertido en placer

Fuma en pipa, lleva pajarita, besa las manos a las mujeres y le disgusta que le fotografíen en ostentosos salones a no ser que esté en ellos por trabajo. Karel Schwarzenberg es príncipe y caballero y quizá por ello rehúye de posibles estampas ociosas, insistiendo en que su día a día es el de un viceprimer ministro y jefe de la diplomacia. 
A sus 74 años posee una visión amplia de los acontecimientos europeos. Nació en Praga, pero se tuvo que exiliar con su familia en 1948 con la llegada de los comunistas. Se crió en Viena y jugó un papel activo en la resistencia contra el comunismo, forjando una íntima amistad con Vaclav Havel y volviendo a su país natal en 1990 de la mano del recién fallecido ex presidente. 

Hasta hoy día, cuando participa en el Gobierno de coalición de la República Checa con su nuevo partido conservador (TOP O9), aspira a presentarse a las presidenciales del año próximo y no duda en enfrentarse al primer ministro y presidente checos por no haber firmado el Pacto Fiscal aprobado en la Unión Europea. Pero de ese espinoso asunto se negó a hablar durante su visita oficial a Madrid, donde se entrevistó con su homólogo español, José Manuel García-Margallo. 

«Me encanta España. Me fascina. Conozco el país desde hace 50 años y siempre me ha sorprendido su desarrollo», apunta el ministro de Asuntos Exteriores checo, que es consciente de que ese «desarrollo» se ha frenado... «Sí, es cierto, incluso la República Checa está mejor que España. No tenemos tanto desempleo [7%], ya hemos hecho ingentes esfuerzos y reformas económicas... Pero España tiene compañías de éxito, un boyante turismo y el actual Gobierno ha emprendido con energía las necesarias reformas que establecerán mejores condiciones», asegura, incidiendo de manera cortés: «España es un país fascinante, uno de los más interesantes e importantes del mundo». 

¿Y no lo compara en ningún momento con Grecia? «Para nada», sentencia, aclarando a su vez que no tiene animadversión alguna hacia Atenas y menos aún hacia los griegos que muestran su ira en las calles: «Les entiendo perfectamente. Yo también estaría muy enfadado. Hay gente honesta que ha trabajado y estudiado mucho y ahora no tienen trabajo ni futuro». Y apunta un consuelo-consejo para ellos y el resto de los europeos: «Al menos tenemos paz. A excepción de los conflictos en los Balcanes, Europa lleva 60 años sin una guerra. Ese milagro -tanta paz durante tanto tiempo- puede acabar cualquier día y más si no resolvemos los grandes problemas a los que nos enfrentamos. Probablemente nuestros hijos no vivirán tiempos tan felices como nosotros». 

«Los europeos no hemos invertido en nuestro futuro», continúa con el tirón de orejas. «Hemos gastado nuestro dinero en coches, ropa... En placer», añade. Lo que, a su juicio, no han hecho países como China, «con algunas de las mejores universidades del mundo» y a los que ahora veremos «cada vez ser más ricos mientras nosotros somos más pobres». 
¿Necesita acaso Europa una Primavera, una revolución? «No», responde con seguridad. «No se trata de conquistar la libertad o la democracia o de que algo cambie. Podemos cambiar a los gobiernos, pero los problemas siguen». 

Ante tal desoladora actualidad, regresa con los recuerdos a sus días en el Castillo de Praga, junto a Vaclav Havel: «Era valiente y tímido. Una extraña combinación. También muy amable, con un gran instinto político y las ideas muy claras, aunque muchas de ellas le costaran incluso popularidad». 
¿Y quién sería el Vaclav Havel de hoy día? «La Premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi. Es la única que probablemente tiene sus cualidades. Sería una gran noticia que esta política ganara las elecciones en Birmania».

2 comentarios:

  1. Interesante reflexión:
    EUROPA NO HA INVERTIDO EN FUTURO, SINO EN PLACER.
    VEREMOS A LOS CHINOS SER MÁS RICOS MIENTRAS NOSOTROS SOMOS MÁS POBRES.
    LOS EUROPEOS NO NECESITAMOS AHORA UNA "PRIMAVERA" O UNA REVOLUCIÓN.

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  2. hola, soy la admin de una web. No encuentro tu contacto. Te puedes poner en contacto con migo
    gracias Sara

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