17 junio 2012

El regalo de Navidad está llenando la casa de pelos

Llegan las vacaciones de verano y, quien más y quien menos, cambia algunos de sus hábitos. Los alumnos de 2o de la ESO del Colegio Gredos San Diego de Madrid nos cuentan que la rutina de ir de casa al colegio y del colegio a casa, cambia. Y, con ello, la alimentación: «Estás más tiempo en la calle y en la piscina, y caemos más en la tentación de comprar chuches», dice divertida María Cantero.

La época estival y el tiempo libre no siempre van unidos a un descuido en la alimentación de los jóvenes. De hecho, casi todas las chicas siguen a rajatabla la llamada operación bikini. «Te cuidas para verte mejor. Además, como hacemos más deporte, nos ayuda a mentener el buen tipo», apunta Ana de la Torre.

Los chicos no se muestran tan preocupados con su alimentación en estos meses. «Yo como lo que me pone mi madre, en invierno y en verano», bromea Daniel Pazos.

Los estudiantes también destacan otro de los cambios de hábitos que se producen durante el verano: el cuidado de los animales domésticos. «Tenemos un gato y peces, y cuando nos vamos de vacaciones vienen mis tíos y mis abuelos a darles de comer y a comprobar que están bien», comenta De la Torre.

En este sentido, no todo el mundo es tan responsable: «Mi primo dejó en una ocasión a su perra sola en casa cuando se fue. Sólo la dejó comida. Al año siguiente, vio que esa solución no era posible y la llevó a una residencia canina, aunque se quejó de que era muy cara», explica Miguel Ángel Martín.

En otros muchos casos, por desgracia, la poca responsabilidad de los dueños desemboca en el abandono del animal.

Lo que en un principio fue un deseado regalo, ahora se ha convertido en una molestia. «Yo conozco un caso de una niña a la que le regalaron por su comunión un perro de la raza yorkshire, y ahora han puesto un anuncio de que lo regalan, porque no lo quieren», asegura Cantero.

«También hay muchas mascotas que se regalan como detalle navideño. La gente no tiene conciencia a veces de lo que hace. Claro, seis meses después, lo que entonces era un cachorro ahora es casi tan grande como tú y te llena de pelos la casa. La gente se cansa y los abandona. Me parece indignante», concluye Martín.

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