20 julio 2012

El regalo del Nilo

Este gran debate, abierto a escala mundial por la ministra de cultura griega, Melina Mercuri, reclamando los relieves del Partenón, ha llevado a que en la mayoría de los países la opinión pública se polarice según su historia. Los países expoliadores son partidarios de mantener el status quo y los expoliados de la devolución de piezas. España es un país expoliado y expoliador, y por ello la polémica está servida. Hoy, con los valores éticos patrimoniales imperantes, el traslado de un monumento como el templo en cuestión sería implanteable e inaceptable por la opinión pública mundial. Pero sólo a efectos de entender, no de justificar, su presencia en el solar hispano, creo que es buena cosa tomar en consideración lo que sigue. 

Es bastante conocido que Debod fue obsequiado a España por Egipto como reconocimiento por nuestro papel en el salvamento convocado por la Unesco de varios yacimientos y monumentos egipcios que iban a verse afectados por la nueva presa de Asuán.

Los españoles apoyamos con decisión aquella campaña, bajo el liderazgo del gran arqueólogo Martín Almagro Basch. De los cuatro templos que regalaron los egipcios a EEUU, Holanda, Italia y España, el de Debod, gracias a la tozudez y habilidad de D. Martín (como llamamos sus discípulos al profesor Almagro), es uno de los mejores. 

Pero cuando fue donado por Egipto, el templo era un gran montón de piedras, malamente enumeradas, que habían sido excavadas, desmontadas y amontonadas en la isla de Elefantina. En efecto, este templo había sido desmontado por los arqueólogos polacos en 1961 y allí permaneció hasta 1970, en que vía Alejandría y Valencia llegó a Madrid. El templo ya fue anegado antes de construirse la gran presa por otra que los británicos habían construido en 1902.

Por ello se decidió su desmontaje y debe valorarse como un regalo endemoniado porque el trabajo de reconstrucción fue especialmente complejo. Pensamos, pues, que el Templo de Debod si no estuviera entre nosotros podría seguir aún arrumbado en Elefantina o, aún peor, malvendido en manos privadas. Además, este gran obsequio del Nilo es buen símbolo del interés y la pasión que muchos sentimos por el primer continente que habitamos los humanos actuales. 

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