05 octubre 2012

El vestido de Escarlata

Cuando el padre de Escarlata O'Hara viajó a Atlanta para comprar un vestido de muselina estampada, hacia 1861, la ciudad era un conglomerado de tres mil quinientas casas y comercios, rodeado de grandes plantaciones de algodón. La Atlanta contemporánea, la que acogerá los Juegos Olímpicos de 1.996, no tiene nada que ver con la que muchos habíamos imaginado, guiados por la pluma de Margaret Mitchell, al leer Lo que el Viento se Llevó. Atlanta fue destruida por el fuego al final de la Guerra Civil americana. El general Sherman, comandante de las tropas confederadas que la ocuparon e incendiaron en 1864, acertó al vaticinar que, sobre aquellas ruinas, se edificaría una urbe próspera y moderna. Hoy, el mejor símbolo de la Atlanta de final de siglo es el Peachtree Plaza, una masa de acero y cristal que domina el perfil de los rascacielos y que contiene torres de oficinas, hoteles, tiendas y grandes almacenes.

Lo que preocupa ahora a los atlanteses, que en las últimas semanas se han estado mirando en el espejo de Barcelona, es que no tienen pasado. Frente a los 2.000 años de historia de la Ciudad Condal, sus elegantes ramblas y sus edificios de Gaudí, la capital del estado de Georgia sólo puede exhibir sus magníficas instalaciones del metro y el museo de la Coca-Cola. Una de las cosas que se han contado aquí de Barcelona es que «hasta el más frío americano se ve allí como Homer Simpson». 

Un diario local expresaba así el sentir generalizado de los organizadores: «¿Cómo diablos se va a medir Atlanta con Barcelona en 1996?». Billy Payne, presidente del Comité Organizador, ha prometido que Atlanta tendrá una clase de Juegos «diferente», en los que «el sello» será la eficacia y no la estética: «Atlanta es demasiado , joven para ofrecer lo mismo que Barcelona. Lo que podemos aportar es mejor organización y planificación que nunca y lo vamos a intentar». El abogado Billy Payne cuenta que tuvo la idea de presentar la candidatura de Atlanta a mediados de los años ochenta, mientras asistía a un servicio religioso.

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