01 noviembre 2012

Suquía siempra ha sido fiel a Roma

En 1982 la Santa Sede nombró arzobispo de Madrid a Angel Suquía Goicoechea, en sustitución del dimisionario y carismático cardenal Tarancón. Juan Pablo II daba así un cambio de timón a la diócesis madrileña, apostando por la experiencia, la sagacidad, habilidad de maniobra, fino tacto diplomático y absoluta fidelidad a Roma del hasta entoncesarzobispo de Santiago.

En efecto, Suquía, nacido en Zaldivia (Guipúzcoa), de padres labradores, llegó a la capital de España con 66 años de edad y 16 de ejercicio de poder episcopal en las diócesis de Almería, Málaga y Santiago de Compostela. Su carácter conservador se puso pronto de manifiesto al nombrar tres obispos auxiliares de su cuerda. El clero madrileño, que ya le había acogido de uñas, descontento con los nombramientos episcopales de García Gaseo, Fernández-Golfín y Martínez Fernández, plantó cara al arzobispo. Surge, entonces, el llamado «grupo de los trescientos».

El Vaticano le asciende y, en 1985, logra el birrete cardenalicio. A la vuelta de Roma, acomete la reforma del seminario de Madrid, y retira la confianza al hasta ahora rector, Juan de Dios Martín Velasco, uno de los curas con mayor prestigio y preparación de España.

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