30 abril 2013

El cuerpo de la mujer está mercantilizado

Esta mujer pequeñita y de aspecto frágil es conocida en Europa como una de las personalidades más importantes y singulares del mundo de la cultura y de la política. Su vida es un viaje inquieto y apasionante en busca de la verdad, de los valores y de la dignidad de la mujer. Feminista de la «tercera vía», se siente «dolida» por la etiqueta de «papista» que le han colgado y, sobre todo, porque su último libro, Cara Eleonora, aún no ha sido editado en España.

P.-Usted es, sin duda, una de las más antiguas luchadoras de la causa feminista. Después de tantas luchas, ¿tiene ganas de seguir en la brecha?

R.-Soy una mujer que pertenece a las mujeres europeas y al pensamiento europeo. Como decía Voltaire, soy ese tipo de gente «que camina siempre sonriendo por el camino de la verdad». Soy una mujer feliz, que tuvo la suerte de encontrarse en su camino con grandes personajes, una rebelde que busca la verdad, una mujer apasionada, un poco loca y sin complejos, que cree profundamente en el genio femenino y que lucha para que la mujer recobre el orgullo y la riqueza de ser mujer.

P.-¿En qué consiste exactamente el nuevo feminismo que usted predica?

R.-He polemizado con el antiguo feminismo, porque era demasiado radical y lleno de odio contra los hombres. Aquel feminismo que le decía a la mujer «el útero es tuyo» y la convertía en una fábrica. Mantengo que hombres y mujeres viven un momento histórico difícil y que los problemas de uno son los problemas del otro. La liberación de la mujer no se puede reducir a una guerra de mujeres contra hombres. La guerra de las mujeres es contra la humillación a la que las somete el poder. Predico un feminismo basado en el genio de la mujer, en su gran capacidad intelectual en todos los campos.

P.-¿Sigue habiendo misoginia en Europa?

R.-En Europa hay menos misoginia que en otras partes del mundo, pero también aquí la sigue habiendo. Por ejemplo, por vez primera en Italia tenemos muchas mujeres que han accedido a puestos de poder de mano de Berlusconi, como la presidenta de la Cámara Irene Pivetti o la directora general de la RAI-TV, Letizia Moratti, una millonaria y mujer de salón, a la que ya se conoce con el nombre de «la mariscala», por su guerra declarada contra la televisión pública. Hoy, en Italia, hay más mujeres en el poder que en ningún otro país europeo: son las «valquirias» de la Segunda República. El ministro del Interior, Maroni, las calificó de «mujeres con cojones», cuando, en realidad, son mujeres sin estudios, sin capacidad intelectual y doctoras en nada. Son mujeres audaces, hasta bellas y libres, pero también arrogantes y antifeministas. Su acceso al poder no quiere decir que las mujeres italianas estén más liberadas. Por mucho poder que detente, Irene Pivetti nunca dejará de ser una integrista. La mujer, por el hecho de serlo, no se convierte en un ser angelical, sublime y genial. Este no es el feminismo que yo defiendo.

P.-¿Cuáles son los principales poderes que esclavizan a la mujer actual?

R.- La imagen de la mujer en los medios de comunicación es cada vez más degradante. El cuerpo femenino, amasado a veces con silicona, está supermercantilizado. El sexo es un negocio. Hay una especie de mercado persa o de brujería en torno al cuerpo de la mujer. Ante esta machacona utilización de la mujer objeto, yo apuesto por esa otra parte del cuerpo de la mujer que es su cerebro.

P.-¿Qué le diría, en este sentido, a una mujer sencilla del pueblo?

R.-Que no caiga en la trampa de los medios de comunicación, sobre todo de la televisión, que es el gran enemigo de la dignidad de la mujer. Que no haga caso de esas imágenes que la tele repite sin cesar de mujeres satisfechas y felices porque compran frigoríficos, coches y detergentes. En definitiva, que no crea en la felicidad mediática. Berlusconi, por ejemplo, ha apostado por este engaño para conseguir el voto de las mujeres.

P-¿Cual es su modelo de mujer?

R.-Mi modelo de mujer es la protagonista de mi último libro Cara Eleonora. Se trata de Eleonora Fonseca Pimentel, una mujer de origen español-portugués, que vivió en Nápoles y fue ahorcada durante la revolución napolitana de 1799. Eleonora era una poetisa refinada, y una intelectual representativa de una época dominada por el pensamiento de Voltaire, que con otros aristócratas racionalistas soñaba con levantar el pueblo contra el tirano español de la casa de los Borbones, Fernando IV.

P.-¿Cómo era Eleanora?

R.-Era una mujer bella y una intelectual que tomó partido por la liberación del pueblo. Fue la primera mujer directora de un periódico de Europa, El Monitore Napoletano, una revolucionaria genial y la primera que plantea el problema de la separación de la Iglesia y del Estado. Pero su revolución fracasó, porque el cardenal Ruffo, gran amigo de Fernando IV, reunió un ejército de mercenarios y delincuentes que entraron a saco en Nápoles y destruyeron todo lo que encontraron a su paso. Eleanora fue arrestada y ahorcada en la plaza del mercado, junto a los otros líderes de la revolución. Eleonora fue la última en ser ejecutada. Y fue ahorcada sin bragas.

P.-¿Por algún motivo especial?

R.-Para dejar bien claro ante la plebe que el sexo de la mujer, destinado a concebir niños, se había transformado en su caso, por medio de la cultura, en un útero incómodo. Era una forma de decir que la mujer tiene que ser madre y esposa o virgen. Eleonora fue una mujer, pues, víctima de la superstición religiosa y una prueba evidente de lo que puede depararnos la histeria religiosa, que convierte a Dios en rey.

P.-Cara Eleonora va por la segunda edición en Italia, donde ganó el Premio Comisso, el más importante galardón literario en el ámbito del ensayo y de la biografía. ¿Cúando se publicará en español?

R.-Debería estar ya en las librerías españolas. No entiendo por qué este libro no ha sido solicitado todavía por ningún editor. Le envié el libro a bastantes editores, pero sólo me contestó uno, diciéndome: «Los españoles son demasiado ignorantes para entender su libro, señora; les importa un bledo su propia historia y mucho menos la de Nápoles».

P.-¿Cree que hay una conjura editorial para silenciar este libro? R.-Muchos de mis libros están publicados en España. Por eso me duele mucho más el hecho de que nadie se interese por éste que es la niña de mis ojos y una novela histórica convertida en lección para el presente. Ante esta cortina de silencio, quiero que los editores y el público español y, sobre todo, las mujeres, sepan que existe este libro, una obra sobre una gran mujer y sobre la mujer. Quiero que se sepa que es mi primera obra que no es traducida al español y espero que mis amigos españoles reivindiquen la existencia de este libro. He intentado, sin éxito, entrevistarme con la ministra de Cultura, para hablarle de Cara Eleonora.

P.-¿La ola de corrupción que invade las democracias europeas es cosa de hombres?

R.-Los políticos corruptos han colmado de regalos a sus amantes y a sus protegidas, con el consentimiento de éstas. Craxi, por ejemplo, creó una televisión simplemente para colocar allí a su «favorita». Todas las mujeres de los hombres políticos eran tan corruptas como ellos, no en vano recibían diamantes a espuertas y sus casas estaban llenas de regalos. Son, pues, tan culpables como sus maridos.

P.-¿Por qué una mujer de izquierdas como usted se dejó cautivar por este Papa, al que algunos, en el seno de la propia Iglesia, tachan de reaccionario?

R.-Yo, como otros muchos intelectuales, confiamos en este Papa que se presentaba no como un Papa tradicional, sino como un Papa que hacía suya la causa de la libertad y de la lucha contra el totalitarismo que padecía todo el Este de Europa. Pero eso no quiere decir que haya renunciado a mis principios. Sigo siendo de izquierdas y desde la izquierda escribo, trabajo y hablo. Sigo siendo la misma a pesar de las persecuciones. No cambié de campo. Nunca reconoceré que haya alguien más de izquierdas que yo. La izquierda soy yo. La izquierda está donde estoy yo.

P.-Hay quien se pregunta cómo una feminista como usted defiende la postura de un Papa al que muchos consideran «machista» y de una Iglesia como la católica tachada por otros de «misógina».

R.-Este Papa fue el primer Papa desde hace dos mil años que se atrevió a cortar las lianas en el interior del bosque misógino de la Iglesia. Juan Pablo II absuelve a Eva del pecado original y, por lo tanto, le da un tajo al cordón umbilical de la sumisión de la mujer al marido, al Estado y a la sociedad, en nombre de Cristo. Este Papa hizo una relectura del Evangelio desde la mujer. Y eso es de agradecer.

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