Era una máquina de imprimir dinero

«Tenían una tecnología increíble y no sabían qué hacer con ella». Steven P. Jobs se explicaba de esta guisa en una entrevista. Pero lo justo sería decir que ni él mismo tenía una idea precisa sobre cómo rentabilizar su compra.

En 1986, el creador del iPod acudió a George Lucas (por aquel entonces con necesidad de líquido entre otros motivos por culpa de un carísimo divorcio) y por 10 millones de dólares adquirió a Lucasfilm uno de esos juguetes destinados a revolucionarlo todo, pero que no terminaba de arrancar: Pixar. La tecnología era la respuesta, pero nadie sabía cuál era exactamente la pregunta. ¿Cómo rentabilizar un programa que generaba gráficos en tres dimensiones?

La primera idea fue aplicar el invento en algo tan práctico como la confección de dibujos tridimensionales para radiografías. Tal cual. John Lasseter, procedente de Disney, era el designado en dar vida a aquello. De sus desvelos saldrían algunos anuncios para televisión y el primer cortometraje integramente dibujado por una máquina, The adventures of André and Wally B. (1984). Posteriormente llegó la primera nominación a un Oscar por Luxo Jr. (1986), también un corto.

En 1991, sin embargo, la historia del cine cambió. Ese año, Lasseter se acercó de nuevo a Disney para solicitar un favor: la financiación de una película para televisión. Disney contestó con una contraoferta irrenunciable: la finaciación de tres películas, pero para los cines. La primera de ellas, estrenada en 1995, fue Toy story, el que fue el mayor éxito del año en taquilla.

Desde ese momento, Disney se fue aprovechando de un acuerdo que le permitía quedarse con el 60% de los beneficios en concepto de distribución. Mientras Pixar producía éxito tras éxito, Disney se hundía. El favor hacía su camino de regreso. Y así hasta llegar a 2004. Este año Jobs amenazó con acudir a otro estudio, Fox o Warner, para asegurarse la distribución de sus películas si el acuerdo no se equilibraba. El padre de Apple ya sabía en que emplear su compra mejor que en radiografías. El acuerdo llegó dos años más tarde: Disney compraba Pixar y el dibujante que trabajó en la casa de Mickey cinco años desde su graduación en 1979, volvía, pero como jefe.

En su empeño por doblarle la mano a los lugares comunes, Pixar propone en Up (mayo de 2009) una frenética aventura de un valiente de 78 años. «La película tiene el aspecto de a lo que huelen las casas de los abuelos», dice el director Andrew Stanton. «Nuestro héroe viaja en globo, lucha contra los enemigos y come a las 3 y media».

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