14 junio 2013

Frank Sinatra cantando en Chicago

Los bolivianos no ganaron en número pero sí en originalidad. Unos, ataviados con trajes típicos de las tribus del altiplano, otros, con pintorescos y coloridos uniformes. Sabían que estaban en una fiesta en la que pocos contaban con la presencia de su selección y aprovecharon al máximo. Muchos llegaron de las mayores zonas de emigración de su país, Washington y Nueva York. Incluso había informadores de periódicos para los bolivianos residentes en la capital de Estados Unidos.

Contaron además con la colaboración de aficionados argentinos y mexicanos que acudieron al estadio para disfrutar del primer día del Mundial pero sobre todo para ver derrotado al odiado y altanero enemigo alemán.

Por fin, después una insoportable hora y media de agonía comenzó la fiesta con genuino sabor americano. Los más de 2.000 voluntarios comparecieron con unas grandes lonas y se movieron a los sones de música de los años 50 y 60 que contagió al público y sirvió para olvidar un poco los rigores climáticos. Todo un poco en plan Viva la Gente.

La voz de Frank Sinatra cantando a Chicago elevó un poco el nivel, mientras seguían compareciendo sobre el césped interminables filas de voluntarios.

La mezcla de estilos hizo que se saltara de Sinatra a Sting, también enlatado, y a la suelta de miles de globos. Fue el preludio a la salida triunfal de Diana Ross, sin las Supremes pero todavía en forma y de buen ver. Más en forma que la presentadora, Oprah Winfrey, protagonista de una caída en el mismo momento en que aparecía la diva. La música de Diana Ross sirvió como base para que los voluntarios intentaran lucirse con una coreografía en la que alguna despistada se saltaba algún paso pero que al menos dio un poco de marcha al cuerpo.

Hubo alguna otra caída, como la de un tanguista argentino en el turno de los bailes regionales en plan coros y danzas que recordaron mucho a las demostraciones franquistas del Primero de Mayo. Esa impresión se acentuó lógicamente, con la representación española.

El público dio rienda suelta a sus sentimientos. Los holandeses fueron abucheados por los aficionados alemanes y los bolivianos fueron largamente aplaudidos por su público.

Richard Marx puso el toque emocionante cantando a capella el himno americano y cerraron John Secada, Daryl Hall, los Sound off Blackness y los fuegos artificiales y una salida un tanto desorganizada de los participantes.

Eso sí, la puntualidad fue absoluta y sorprendente la rapidez para colocar una de las porterías que había sido desmontada para la ceremonia. El espectáculo de verdad iba a comenzar.

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