18 junio 2013

Murdoch hundido definitivamente

A la pérdida de audiencia se le ha sumado la dimisión, a principios de agosto, de Kelvin Mackenzie como director de BSkyB. Mackenzie, antiguo director del diario sensacionalista de Murdoch, The Sun, y artífice del éxito del diario durante la era de Margaret Thatcher, se había quedado solo en la lucha por «popularizar» la oferta de las cadenas a su mando.

En el poco tiempo que ha permanecido en el mundo de la televisión ha preferido los temas relacionados con Lady Bienvenida, los escándalos políticos y la recuperación de la figura de Ronnie Knight, el famoso ladrón asilado en la Costa del Sol, antes que mantener un pulso informativo en temas como el conflicto de la antigua Yugoslavia o el éxodo ruandés. Esta política arrastró a la dimisión y salida de la cadena al jefe de informativos Ian Frykberg.

Su batalla personal con Sam Chisholm, responsable de todos los negocios del satélite de Murdoch fuera de Estados Unidos, ha acabado por hundirlo definitivamente.

Chisholm, un rudo y enérgico neozelandés curtido en la televisión australiana, fue fichado hace cuatro años por Murdoch para controlar su imperio televisivo en Gran Bretaña y posteriormente se hizo con el mando de todo lo que se cocinaba en el ámbito televisivo de Murdoch fuera de Estados Unidos.

Nada más llegar Mackenzie a la dirección de BSkyB empezaron a surgir las disputas entre ambos. Cuando Chisholm estaba controlando los negocios de Star TV en Hong Kong, Mackenzie hacía y deshacía a su antojo con arbitrariedades como las de contratar al columnista de The Sun, Richard Littlejohn, con un contrato de 2 millones de libras, mientras los productores de la cadena recibían instrucciones de elaborar programas con 50.000 libras.

Los detractores de Mackenzie no han dudado en afirmar que todo lo que éste conoce del medio es cómo encender el aparato de televisión.

Chisholm le ha proporcionado constantemente a Mackenzie el mismo trato que éste usaba con sus subordinados en The Sun humillándolo en público con frases como «Mackenzie no va a hacerme cosas malas porque es mi pequeño "boy-scout"».

Para Mackenzie, en cierta ocasión descrito por Murdoch como «mi pequeño Hitler», este tipo de batallas han acabado por desmoralizarlo, dejarlo solo dentro de BSkyB y forzar su dimisión.

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