19 julio 2013

Alberto de Mónaco acaramelado

No les pregunté qué les habían traído los Reyes. A mí, esos tres peludos de Oriente me devolvieron a mi devoto esposo que debía estar por las Filipinas y se cansó de comer arroz como un imbécil con Ymelda. Ni abrí la puerta. Una esperaba un abriguito de lomos de marta cibelina, un chanel para el fondo de armario, un disco de Barbra Streisand o un esmalte de uñas con el que deslumbrar a mi clientela, mientras que esparzo polvos mágicos por la salita y no eso, porque un marido es de un solo uso, como las toallitas demake up, y yo nunca utilizaría el suave tisú con el que una china de pacotilla se ha quitado los churretes

Ah, pero es que ¿no se lo he dicho? Pues sí, gracias a este periódico y a mis dotes adivinatorias, he puesto una consulta en casa que ni Flora Pino. Cierto es que jamás de los jamases se me habría pasado por mi subconsciente sideral predecir que Alberto de Mónaco iba a aparecer acameraladito como un oso amoroso junto a Alice Warlick, una atleta idealísima. En todo caso, habría apostado por una jugadora de sumo hormonada perdida. Y lo mismo me habría pasado con Julio José Iglesias, a quien me encontré la semana pasada saliendo del Bernabéu. Una intimísima con una lengua tan venenosa como el áspid que se cargó a la divina Cleopatra, apuntó que estaría buscando la sauna del complejo deportivo pero, qué va, resulta que el nene es súperforofo del Real Madrid y que acudió a la Catedral merengue acompañado de su novia Yvette, que ya hay que ser cursi para llamarse como una marca de flanes.La niña es superrubia, supercaliforniana y superrecauchutada y la química que se desata entre ambos es intensa y natural como la del colorante del tomate frito.

Pero esto se lo digo a ustedes porque estamos como en familia, mis 80 mejores amigas y las 80 respectivas no saben nada de estas carencias. También es verdad que, si hubiera hecho alguna de estas dos adivinaciones, o me habrían recluido en el psiquiátrico de Ciempozuelos o George Lucas me contrata para escribir el guión de La Guerra de las galaxias: la rebelión de las reinas.

A este paso, hasta María Teresa Campos se va echar a temblar.Imagínense: si a una de mis amigas, de esas que se han hecho a sí mismas con la ayuda de su cirujano, le da por volverse a retocar los morritos, clónicos a su vez de los de Pe Cruz, yo les recuerdo cómo se le cae a cachos la naricilla al pobre Michael Jackson. Que, por el contrario, el maridísimo de una amiga bambi, o seasé con cornamenta, se va a comprar un coche, ahí estoy yo para sacarle las fotos de Ana Superobregón, a quien le gusta más la quinta marcha y el freno de mano que a Belenchy Esteban flagelarse a golpe de venganza. Y si lo que me anuncia es que va a emprender un viaje hasta las costas de Cuba, vaticinarle una vida tan emocionante como la de Isabel soy auténtica Gemio con Nilo, que más bien parece el Guadiana, es tan fácil como haber sido novia de Jesulín y aledaños.

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