16 agosto 2013

El botox es un juego de niños

Durante años se habló del síndrome de Peter Pan, aquel que azotaba a los que no querían crecer. El virus que ahora se expande a velocidad de la luz funciona a la inversa. Jóvenes que juegan a la ruleta rusa de la madurez y que sueñan con ser adultos. 

Las niñas ya no quieren ser princesas, como mucho, barbies de pelo oxigenado y cintura de avispa. La que se empeña en enterrar su niñez a toda costa es Miley Cyrus -Hannah Montana para los que mantienen intacta su candidez-. ¿Saben qué pide para su cumple la adolescente? ¿Será una videoconsola?, ¿el último móvil del mercado?, ¿un coche? Pues todo esto seguro que también, pero lo primero de la lista es tangible, se vende a pares y acaba con cualquier resquicicio de la niñez: unas cuantas tallas más de sujetador por obra y gracia de la silicona. 

El rumor lleva circulando meses por la red, pero es ahora cuando el gurú de los cotilleos, Pérez Hilton, se hace eco. Y si Pérez Hilton lo insinúa, nos tememos que a Miley no le va a quedar nada de Disney cuando cumpla los 18 años en noviembre. No podemos ni imaginar las caras de sus tiernos seguidores cuando descubran el canalillo de la Cirus en pleno bailoteo. 

Lo mejor para no herir la sensabilidad de sus fans más pipiolos es ponerles el vídeo de la actuación de la artista en la última edición de Rock in Río en Madrid. El corsé negro, los labios rojos y los movimientos sexys del día de autos pueden ser la mejor preparación para la que se avecina. 

Pero la obsesión por ser adultos no juega sólo en la liga de las estrellas. Muchos adolescentes anónimos pretenden crecer en cuerpos de hombres y mujeres cuando sus mentes están encalladas en la adolescencia. 

La última fiebre entre los jovencitos adinerados es el bótox. Sí han leído bien. Esa sustancia que borra las arrugas y estira la piel. Su siguiente pregunta será: ¿Y por qué necesita una joven acabar con algo que aún no tiene? Pues es un modo de sentirse adultos y de copiar un moda que está causando furor. 

Un artículo del periódico The Sun se centraba en la Generación Bótox, compuesta por chicas menores de edad que recurren a las infiltraciones para congelar su juventud. 

Cuando los médicos se niegan a cumplir su capricho, las jovencitas tienen su propio recurso: las Botox Party (fiestas del bótox). Se reúnen en una casa donde dan rienda suelta a sus deseos estéticos. El precio por sesión ronda los 600 euros y cada seis meses es conveniente repetir la dosis. 

En el tabloide, Hannah (16 años) lo describe como una forma de verse joven durante muchos años. El razonamiento es comprensible si tenemos en cuenta que la madre de la chica es conocida como la barbie viviente. Varias cirugías para parecerse a la muñeca avalan el apelativo. Pero Hannah tiene otra razón de peso para dejarse arrastrar por el bótox: «Todas mis compañeras de clase están hablando sobre ello». La británica remata su tesis con una frase de las que hacen historia: «La apariencia es importante para mí y no quiereo parecer demacrada y fea cuando cumpla los 25». Otra adolescente, Christine, confiesa que su primer contacto con el elixir de la juventud fue en una de esas fiestas. Además confiesa que llegó a mentir sobre su edad para conseguir cita en una clínica de estética. La niña acaba de cumplir los 16 y reconoce que las chicas de su edad están muy preocupadas por estar en forma y guapas. La madre de Chrisitine no está muy de acuerdo, pero se conforma con que la niña se lo haya contado y lo haga un lugar seguro. 

De sobra es conocido que esta sustancia tóxica es el objeto de deseo de artistas y famosos. Pero hay algunas que se han querido bajar del carro del bótox, como la mujer desesperada Teri Hatcher (ayer publicamos sus fotos sin maquillaje) o la mismísima Julia Roberts, que desea que sus hijos la vean envejecer.

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