11 octubre 2013

Naomi Campbell la que maltrataba a su asistenta dice que hay racismo

La elección de Nina Davuluri como la primera Miss América de origen indio ha provocado una ola de comentarios racistas en las redes sociales. 

Y ha desenterrado fantasmas del pasado. A su vez, esta misma semana, Naomi Campbell ha retomado su lucha contra la discriminación en las pasarelas, junto a las míticas Iman Abdulmajid y Bethann Hardison, las otras diosas de ébano. Para debatir sobre este asunto, LOC se ha citado con Juana Martín (1974), diseñadora cordobesa de éxito y gitana orgullosa. La couturier andaluza relata su propia experiencia en una especie de catarsis inédita y desmonta conceptos y opiniones falsas. Habla alto y claro sobre episodios parecidos en el mundo de la moda patria.

Pregunta.—¿Qué le parece lo que ha ocurrido en Estados Unidos?

Respuesta.— Es una campaña xenófoba hacia una mujer que tiene nacionalidad americana. Estamos hablando de puro racismo. Para ser americana, ¿cómo hay que ser?, ¿blanca y rubia? Es completamente incomprensible. Lo mismo ocurre con los gitanos como yo.

P.— ¿Cuánto daño hacen los estereotipos?

R.— ¿Tengo que estar bailando y cantando todo el rato por ser gitana? Eso también, porque forma parte del arte en mi cultura, pero me gano la vida como diseñadora y trabajo mucho, me mato por ello. Los estereotipos hacen mucho daño. Nunca se me ha cerrado ninguna puerta por ser gitana hasta hace relativamente poco. Fue muy desagradable sinceramente.

P.— ¿La atacaron por ello?

R.— Sí. Y en el mundo de la moda. Nunca antes había percibido esa sensación, ni en el colegio ni en ningún sitio. Por desgracia me ha tocado experimentarlo. Hay gente que no nos encuentra con valor, nos desprestigian y nos consideran personas de segunda. Es triste, pero es así. Ha sido muy desagradable.

P.— ¿Qué significa para usted ser gitana?

R.— Para mí es una forma de vida, una educación, un saber estar... No es lo que la gente se cree que somos. Sólo sacan lo negativo, sólo hay que ver los programas de televisión. Yo no percibo esa vertiente que se empeñan en retratar. El hecho de ser gitana lo llevo con mucha gala. Lo soy desde que nací y la gente que me conoce personalmente sabe que soy una persona normal y corriente.

P.— ¿De dónde sale tanto odio?

R.— No lo sé. No lo entiendo. En este mundo hay gente buena y mala. Ni todos los gitanos son buenos ni todos son malos. Lo mismo ocurre con los negros o también con las minorías étnicas. Ahora reivindico más quién soy en mis creaciones por este tipo de comentarios racistas. Si me mantengo en este mundo es porque hay un público que demanda mi ropa y mi estilo. A mí no me dan subvenciones. Lo poco o lo mucho que consigo es porque trabajo. Tanto yo como mi equipo. Y eso es lo que me interesa.

P.— Habla de valores férreos en su cultura, ¿cómo gestiona la frivolidad?

R.— Con respeto a todo el mundo. Yo soy una persona con los pies en la tierra. A veces, lo que uno considera frívolo para otro no lo es. Cada uno impone su criterio, sus necesidades. Pero el respeto ante todo.

P.— ¿Cómo ha digerido el éxito que ha experimentado desde que se subió a Cibeles en 2005?

R.— Lo mejor que puedo y siempre gracias a mi familia. Yo sigo siendo la misma, luchando mucho por lo que quiero. Obviamente me agrada recibir comentarios positivos de diseñadores internacionales como Valentino. Pero lo intento llevar con máxima normalidad. Me considero profeta en mi tierra. A mi taller viene gente desde Barcelona o Valencia. Quiero que la firma también adquiere valor internacional. Con fuerza, pero sin perder nunca el rumbo.

P.— ¿Qué queda de aquella gitanilla que jugaba en los patios de Córdoba?

R.— Sigo siendo la misma niña familiar. Mi sueño era siempre el mundo de la moda. Yo jugaba a cortar mientras mis amigas jugaban a las muñecas o me compraba las revistas de tendencias cuando ellas iban como locas a comprar golosinas.

P.— ¿Se ha sentido siempre respaldada por sus padres?

R.— Claro. Me han apoyado siempre. Ellos trabajaban en el mercado. Les fabricaban ropa y la vendían allí. Pero el mercado de antes no es el de ahora. Mis hermanos continúan con el negocio. Yo hablo con mucho orgullo de mi familia. Por eso me duele mucho que me ataquen. Yo no voy faltándole el respeto a nadie por la vida. Si no me interesa su amistad, no la tengo y punto. A mí se me ha faltado el respeto y no lo admito.

P.— Usted estudió hasta EGB, ¿se arrepiente de ello?

R.— No. La persona educada no es la que más estudios tenga sino la que mejor sepa comportarse. Eso tiene mucho más valor que el que venga de Oxford. No me considero una persona inculta.

P.— A la hora de crear, ¿qué le inspira?

R.— Obviamente me inspira mi tierra. Pero mis creaciones han experimentado una gran evolución. Al principio se me etiquetaba de folclore sin parar con un poco de mala leche. Ahora, aquellos que me criticaban por hacer ropa muy andaluza me piden ayuda para montar un volante. Ahora quieren beber de la fuente que he creado yo. Eso es un triunfo.

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