07 marzo 2014

Brooke Candy es una rapera muy chunga

En el argot inglés, se conoce como "hair hoe" a las raíces negras que lucen las mujeres teñidas de rubio. Una seña de identidad de las chicas duras de barrio, las diosas del gueto que no se andan con remilgos a la hora de contar en público sus peripecias sexuales. 

En una de sus primeras canciones, Brooke Candy decía que no le tocasen el hair hoe, una expresión que podría tener también una referencia sexual. Aunque, en realidad, todo en ella es una referencia sexual.

Nacida en 1989 en California –hija de un jefe financiero de la revista pornográfica Hustle, de Larry Flynt, quien la apadrinó en sus comienzos–, la joven Brooke creció fascinada con los looks de Gwen Stefani, Christina Aguilera y las raperas más chungas, como Lil Kim. De todas ellas tomó algo y lo mezcló en un estilismo imposible cuya primera manifestación pública conocida fue en el videoclip de la cantante Grimes Genesis. Blandiendo espadas, con un bikini metálico y gesto amenazante, Brooke le robó todos los planos a la protagonista del vídeo. 

Poco después, tuvo su oportunidad ella sola y no decepcionó. En Das Me, su carta de presentación, repetía atuendo, aunque añadiendo gigantescas plataformas, ropa interior hecha de hojas de marihuana y un comportamiento nada recatado que incluía consumo de pastillas ante la cámara, fumada de porros, besos lésbicos y twerking antes de que Miley Cyrus lo popularizase (y rentabilizase) durante su actuación en los MTV Video Music Awards. También soltaba perlas del tipo: "¿Quieres hablar de mi talla de sujetador? / Pues necesito ver la talla de tu p...".

El vídeo mostraba tres aspectos definitorios de la personalidad de Brooke. El primero, su consumo compulsivo de marihuana ("me despierto y lo primero que hago es fumarme un porro", asegura); el segundo, su bisexualidad; y el tercero, la explotación de su anatomía de una extraña forma que aúna feminismo con sentirse una "bitch" (zorra).

Tal es así, que Brooke no dudó en recurrir a bailar como stripper para conseguirse unos ingresos extras. "No es que me gusten mucho los hombres. Y es cansado. Tengo que fingir que me gusta cada uno de esos malditos montones de porquería que están viéndome", señala de aquella experiencia. "Pero puedo conseguir 3.000 dólares por una actuación de 15 minutos. Es una auténtica locura". De aquella época le queda su gusto por desnudarse en sus actuaciones.

Candy ha lanzado otras canciones en idéntico tono deslenguado cuyos títulos es mejor no traducir aquí: I wanna fuck right now y Pussy make the rules. En ese momento llamó la atención de Nicola Formichetti, el estilista de cabecera de Lady Gaga, que la convirtió en la imagen de Diesel, marca de la que es responsable creativo. A partir de aquí, la eclosión de la estrella. A la espera de su disco de debut, Kylie Minogue ha recurrido a sus servicios para ensuciar su próximo álbum.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Etiquetas