14 marzo 2014

Justin Bieber se retira

Todo en torno a Justin Bieber tiende a la confusión como en una noche de ebriedad. Por ejemplo, su retirada: "Después del nuevo disco, me retiro, tío, de verdad que me retiro. Quiero dar un paso atrás para crecer, quiero que mi música madure", dijo el martes. "Estoy aquí sólo por la música y por los fans". Entonces, ¿se retira o no se retira?

Digamos que se da una pausa. No parece mala idea en este punto de su historia. Historia que empieza en una familia de lo que los norteamericanos llaman trash: padre ausente, ciudad de provincias, niño guapo que tiene, desde muy temprano, buena mano para la guitarra, para el piano, para bailar, para lo que le echen. Alguien graba sus monerías, las pincha en Youtube, tiene éxito y llega a la pantalla del cantante Usher. No es raro. Detrás de casi todos los fenómenos de masas del pop reciente está el mismo patrón: chico blanco, padrino negro.

No hace falta explicar lo que viene después: la construcción de un personaje angelical, bastante naïf, la aparición de miles de fans por todo el mundo… Y, claro, el primer amor con Selena Gómez.

En el siguiente episodio, la trama da un giro. Justin Bieber cumple 18, y, como todas las estrellas adolescentes, tiene que reinventarse. Endurecerse, volverse sexy, peligroso. Le cortan el pelo, lo sacan descamisado, fotografían sus juergas y, oh, dolor de ser adulto, dan noticia de sus desamores. Su tercer disco, Believe, es un puto "baby, baby, baby, cómo viviré sin ti". La mala noticia es que el relato de Selena es "qué bien que me lo voy a pasar ahora que me he librado de este novio pesado".

Un presagio de lo que ha sido el último año y medio: el desastre. Bieber, como Miley Cyrus, juega a transgredir. Pero, donde Cyrus siempre sale triunfante, Bieber siempre termina herido: empapado en vómito, fotografiado borracho, ridiculizado en las redes...

Hay un documental que cuenta su vida. Su tema central (de la película, de la vida del chico) era la fuga de su padre. En el fondo, Bieber sigue siendo un pobre crío en un mundo de lobos.

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