23 junio 2014

John Lennon tenía muy mala letra

Su pasión por escribir no se limitaba al ámbito musical. John Lennon (1940-1980) fue también un prolífico (y casi compulsivo) autor de misivas cuyos destinatarios iban desde su tía Harriet -en la Navidad de 1951-, a Bob Wooler, el dj de The Cavern Club que vio nacer a la banda, algunos privilegiados fans, periodistas y hasta a sus compañeros Paul McCartney y Ringo Star. 

Incluso se conservan, amarillentos y envejecidos, escritos tan curiosos como un papel con el sello del hotel Shoreham de Washington, donde se hospedó en febrero de 1964, donde apuntó la lista de temas que tocaría en su primer concierto en Estados Unidos o la lista de la compra que alguna vez Lennon no quiso olvidar.

Ahora bien, hay un pequeño detalle que caracteriza a la gran mayoría de las epístolas del beatle, además de los muchos años que tienen: es muy difícil entender lo que dicen; vamos, que son más bien ilegibles. Buena cuenta de ello dan las cerca de 300 cartas y apuntes que Hunter Davies, el único biógrafo autorizado de los de Liverpool, ha reunido en el libro The John Lennon Letters (Las cartas de John Lennon, editado por Weindenfeld and Nicolson y que la editorial Cúpula publicará en España el próximo febrero).

Pero Lennon no es, ni mucho menos, el único que conquistó la cima del éxito pese a tener una grafía que solo él podía traducir. De hecho, está muy bien acompañado por otros célebres y prestigiosos personajes que también han alcanzado la gloria en su ámbito aunque sin saber hacer la o con un canuto, como aquel que dice. Lady Gaga (New York, 1986) es una de ellas. La estrella de Just Dance y Bad Romance es tan eficiente fabricando éxitos como desorganizada y descuidada escribiendo a mano.

MALOS ESCRITORES. Ni con la magia de su hijo literario, Harry Potter, lograría J.K. Rowling (Yale, Reino Unido, 1965) que sus apuntes a mano estuvieran tan bien escritos como sus libros (a tenor del éxito logrado con ellos). Porque, al parecer, ser un afamado autor de best seller no garantiza tener una grafía comprensible. No la tiene, por ejemplo, Antonio Muñoz Molina (Jaén, 1956) quien, además de haber publicado superventas como El jinete polaco, es miembro de la Real Academia de la Lengua.

Más Real aún (con erre mayúscula) es la familia a la que pertenecen los propietarios de otras ilegibles grafías: la reina de Inglaterra, su hijo el príncipe Carlos y su nieto William. "Me encuentro con muchos casos de famosas que tienen una letra horrible. No sé si tiene que ver con el éxito, pero sí sé que quienes escriben mal suelen ser personas con mucha rapidez de reflejos, impacientes, ansiosas, anárquicas, desorganizadas y estresadas", apunta José Javier Simón, experto en grafología y autor de El gran libro de la grafología (Ed. Martínez Roca) y Grafología fácil (Ed. Temas de Hoy).

Precisamente las prisas y el estrés son algunos de los principales motivos a los que los expertos aluden para explicar la mala grafía de celebridades y anónimos en la actualidad. "Escribiendo deprisa nunca se llegará a escribir bien, pero escribiendo bien se llegará a escribir deprisa", advertía en el siglo I Quintiliano, profesor de Retórica. La otra razón, la gran cantidad de tiempo que dedicamos a escribir en un teclado (de ordenador, teléfono móvil, tableta...) y no en un papel con un bolígrafo o un lápiz. 

Tanto es así que, según un reciente estudio elaborado por el servicio web Docmail, el periodo medio que una persona está sin escribir a mano una sola palabra ha llegado a los 41 días. En contrapartida, y según datos de la International Telecommunication Union, durante el pasado año se enviaron en el mundo más de siete billones de SMS (7.474 millones de ellos eran de origen español) y 10.000 millones de mensajes Whatsapp al día.

Contra la aparente muerte de la caligrafía, que llevó incluso al periódico alemán Bild a publicar su portada totalmente escrita a mano el pasado 27 de junio en señal de protesta, los neuropsicólogos defienden los beneficios de manuscribir. Según los estudios, al hacerlo se ejercita el área visual, las habilidades motoras y nuestras capacidades cognitivas.

Carlomagno (742-814) no tenía otra alternativa que escribir a mano. Y, aunque hablaba tan bien el latín como el tudesco y entendía el griego, nunca fue capaz de anotar con claridad, según afirmó su hombre de confianza Eginhard. Eso sí, nunca dejó de intentarlo.

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