29 junio 2014

Las 50 sombras de Harry Potter

«¡No leerás 50 grados de Grey!»... Fue el primer e irrevocable mandamiento con el que el editor David Shelley castigó a JK Rowling. La autora de la saga de Harry Potter tramaba y escribía su propio salto a la novela para adultos y en su entorno se fue forjando un complot para evitar indeseables contagios. La tentación siempre estuvo ahí, pero Rowling superó la prueba del morbo y hasta cierto punto ha perdido el interés.

«¿No siente usted que se está perdiendo algo?», le preguntan en una entrevista en exclusiva con el diario The Guardian. «No de una manera salvaje», contesta con sorna la escritora más rica del mundo, con una fortuna estimada de más de 700 millones de euros y unos 450 millones de libros vendidos de las siete entregas del eterno aprendiz de mago.

Esta semana, JK Rowling tiene por fin la ocasión de dejar atrás las 50 sombras de Harry Potter. El 27 de septiembre sale a la venta La vacante ocasional (el título provisional con el que Salamandra traducirá al español esta entrega del nuevo camino literario escogido por la escritora), que tiene algo de crónica social y novela de intriga, con ribetes de humor negro con los que la autora aspira a capturar a una nueva generación de lectores (más los adolescentes que ya crecieron y que ahora esperan ansiosos su primera entrega para adultos).

Mirando hacia atrás, Rowling da eternamente las gracias a Harry, «porque él me ha dado la libertad de explorar un territorio hasta ahora desconocido para mí». Estos últimos cinco años, los que ha pasado escribiendo su novela, los recuerda como una absoluta bendición.

«Ha sido como estar en la gloria, con una sensación de entusiasmo y de total libertad. Con mis facturas pagadas y sin ningún contrato que me atara, he podido crear mi propio espacio. Pagford (el pueblo en el que discurre la acción de la novela) ha sido mío, sólo mío. He escrito esta novela exactamente como quería escribirla. Adoro esa sensación».

Los miedos vinieron después, confiesa a The Guardian, una vez superado el listón de las 480 páginas y tras haber puesto el the end al manuscrito. Su peor pesadilla sigue siendo que los críticos la rechacen: «Bien, si alguien dice que la novela es terriblemente mala y me aconseja que vuelva a los magos y a la literatura infantil, entonces obviamente no celebraré una fiesta. Pero sobreviviré. Sobreviviré».

Rowling barajó incluso la opción de debutar como autora para adultos con seudónimo, por aquello de rebajar las expectativas, pero al final pudo más el reto de probarse a sí misma y de volver a usar la escritura como terapia: «Necesitaba escribir este libro y estoy orgullosa de él».

Así empezó de alguna manera a gestar en su imaginación a Harry Potter, cuando tenía 28 años, ejercía como profesora de inglés y tuvo a su primera hija, Jessica, fruto de su primer y fracasado matrimonio con un periodista portugués. Deprimida y con tendencias suicidas, según ella misma llegó a confesar, decidió cambiar de aires y mudarse a Edimburgo, donde se volcó en la escritura artesanal en máquina de escribir de la saga de Harry Potter (el primer original fue rechazado por varios editores hasta que Bloomsbury lo compró por 2.500 libras).

Fue en aquellas circunstancias, en plena ruina física y mental, cuando decidió recurrir por primera vez a la terapia. «Y volví a necesitarla otra vez», confiesa, «cuando mi vida cambió tan rápidamente que todo escapaba a mi control. Me ayudó mucho».

«Durante unos años me sentí como si estuviera en una cinta de correr, intentando darme alcance a mí misma», recuerda JK Rowling de aquellas primeras cornadas de la fama. «Todo cambió tan rápidamente y de un modo tan extraño... Y no conocía a nadie que hubiera estado en el ojo público y al que le pudiera preguntar: '¿Qué hago ahora?' Me sentía muy desorientada».

Aparte de la fama, la riqueza repentina empezó a pesarla. Habituada a pasar largas noches de invierno sin calefacción y con abrigo en su apartamento de madre separada en Escocia, Rowling no estaba tampoco mentalmente preparada para la lluvia de millones que le trajo Harry con varita mágica...

«No esperaba este tipo de problemas y la presión que se venía encima con el dinero. De pronto me bombardeaban con peticiones. Me cayó un auténtico tsunami de gente que me pedía cosas. Me sentí desbordada. Y me preocupaba realmente que la situación se acabara complicando».

Encontró la salvación con un contable poco o nada al uso. En vez de recomendarla que siguiera el camino de los millonarios y abriera una cuenta en un paraíso fiscal, le dio un consejo muy útil que aún perdura: «Tienes que hacer una decisión fundamental: o bien organizas tu vida alrededor del dinero, o bien permites que el dinero organice tu vida».

En el segundo bote salvavidas llegó su segundo marido, el médico Neil Murray: «Me cambió la vida. Antes de su llegada, viviendo sola y criando a una niña, era realmente difícil»... Con Neil tuvo un hijo y una hija, pero la entrada en su vida le trajo sobre todo el equilibrio que nunca antes había conocido. A sus 47 años, JK Rowling se siente sin duda «más feliz» que en el período febril en el que concibió a Harry Potter.

Su vida, desde la enfermedad degenerativa que arrastró su madre a la difícil relación con su padre, fue más bien un camino de espinas. «Mi adolescencia no fue un período particularmente feliz», confiesa. «De hecho, podrían darme cualquier cosa, que nunca volvería a mi adolescencia. Nunca. Odio aquella época».

Tal vez por eso, uno de los personajes más auténticos de su novela es una adolescente, Krystal, hija de una prostituta (Terri Weedon) y amiga de un influyente vecino, Barry Fairweather, cuya muerte deja no sólo una vacante en el concejo de Pagford (de ahí el título), sino que se desencadena una auténtica lucha de poder que en el fondo no es más que una lucha de clases en la sociedad que acuñó la palabra snob.

El próximo jueves, coincidiendo con el lanzamiento mundial, la propia Rowling leerá fragmentos de su nuevo libro en el Southbank de Londres, rememorando quizás aquellas incipientes lecturas como «cuenta cuentos» en las librerías de Edimburgo. A su lado estará el periodista de la BBC Mark Lawson. Superando su proverbial timidez, la autora de Harry Potter se pondrá a tiro de la audiencia, que posiblemente querrá saber si ha sido más fácil o más difícil escribir para los «no tan niños».

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