28 julio 2014

Paradise now un terrorista que ríe, llora y se enamora

Entre la última década del siglo XX y la primera del XXI el mundo cambió de forma radical. En apenas 20 años, la división del planeta en dos bloques llegó a su fin, estallaron conflictos étnicos, el terrorismo irrumpió con una fuerza jamás vista antes y Obama encarnó un ansiado clima de esperanza.

Adiós al comunismo en Alemania. Un hombre gris, meticuloso y aburrido, un hombre máquina, es el protagonista de La vida de los otros, la primera entrega de la colección. A través de su mirada, impertérrita ante los abusos de la RDA, nos sumergimos en un clima de paranoia, donde los detenidos no tienen nombre, sino números, y los gerifaltes del régimen son tipos obesos cebados de poder, pero vacíos de ideales. En el debut detrás de las cámaras del alemán Florian Henckel von Donnersmarck, descubrimos que en 1984 la Stasi (policía secreta) cuenta con 100.000 esbirros y 200.000 confidentes para «salvaguardar el comunismo». 

Para ello, es necesario «saberlo todo». Espiar al vecino, desconfiar del compañero de trabajo y destruir cualquier atisbo de disidencia. Por desgracia, esta situación no es muy distinta de la que se vive hoy en China, Corea del Norte, Cuba o Irán. La película valdría la pena sólo con escuchar el manifiesto que uno de los protagonistas, un poeta, publica en el semanario Der Spiegel, en el que denuncia el escalofriante número de suicidios en la RDA.

ePalestina e Israel: ¿existe una solución? Paradise now muestra una realidad incómoda, pero necesaria: la de todos los jóvenes que son vapuleados día tras día en Palestina. Habla de aquellos huérfanos que han visto morir a su familia y, desesperados, se agarran a la peor solución posible: disfrazarse de dinamita para llevarse por delante a unos cuantos israelíes. El director palestino Hany Abu-Assad se detiene en la vida de dos terroristas suicidas para tratar de tender un puente en un conflicto que se alarga década tras década, sin síntomas de recuperación. Así, cuando vemos en pantalla que un terrorista también llora, ríe, juega y se enamora, como cualquiera de nosotros, lo único que podemos hacer es preguntarnos: ¿por qué eligió la opción de la muerte?

El IRA y el 11-S: la plaga del terrorismo. La colección recoge otros episodios donde el terror de la bomba hizo añicos la paz. Éste es el caso de Omagh, un homenaje a las 29 personas que murieron (y las otras 220 heridas) en el atentado del 15 de agosto de 1998 en Irlanda del Norte. El británico Pete Travis reflexiona sobre un conflicto que empezó a ver la luz al final del túnel en 2005, cuando el IRA presentó su renuncia a la lucha armada tras más de 30 años de violencia. Muy lejano parece, sin embargo (y por desgracia), el fin de la guerra abierta del sector más radical del Islam contra Occidente. United 93 recoge, precisamente, el célebre y triste suceso que sacudió el mundo y desencadenó esta escalada de odio. Los atentados del 11 de septiembre de 2001 dibujaron un nuevo orden internacional, que George W. Bush utilizó para su «cruzada contra el Eje del Mal». Sus efectos todavía hoy gotean en Afganistán e Irak y tienen vistas de extenderse por otras regiones como Irán y Pakistán.

eIrak: ¿el Vietnam del siglo XXI? Al cierre de esta edición, 4.689 soldados de EEUU y Gran Bretaña han muerto en Irak. La batalla de Hadiza muestra la experiencia de un grupo de marines estadounidenses, unos chicos jovencísimos que conducen sus convoys por el desierto iraquí a ritmo de música heavy. Son máquinas preparadas para «matar, matar, matar», que no pueden dormir por la noche a causa de las pesadillas engendradas por los horrores que han sufrido. «He visto a una señora con un burka sacar un arma de debajo del vestido y dispararnos sin pestañear. Aquí todos son nuestros enemigos», asegura un soldado en la película. Los iraquíes, por su parte, cuentan chistes del tipo: «Vale más un cigarro que un americano». Y el filme de Nick Broomfield arroja datos estremecedores: los soldados norteamericanos que piden la baja por heridas de guerra sólo reciben el 10% de su sueldo, esto es, 300 dólares al mes; mientras, los terroristas cobran 1.000 dólares por explotar una bomba con éxito.

eLimpieza étnica y genocidio. Aparte de Irak, muchos son los conflictos que han estallado durante estos 20 años. Otros (menos mal) han terminado, como el de Sudáfrica, que llegó a su fin en 1991. Tierra de sangre muestras las dolorosas heridas causadas tras más de 40 años de apartheid. La oscarizada Hilary Swank protagoniza esta durísima crónica política. Tampoco es precisamente tranquilizador el visionado de Hotel Rwanda, un relato agobiante, pero esclarecedor, de la masacre de tutsis acaecida en este país africano en 1994. En la Somalia de 1993 se detiene Black Hawk derribado, un sangriento combate entre las fuerzas de la ONU y los señores de la guerra, y En tierra de nadie viaja hasta la guerra de Bosnia (1992-1995), un conflicto que popularizó el espeluznante término de «limpieza étnica».

eEsperanza en tiempo de lobos. Ante tanta guerra y tanto odio, y justo cuando acababa de estallar la crisis económica, gran parte del planeta se aferró a la nueva era de esperanza simbolizada por Obama. El documental By the people: The election of Barack Obama ofrece una visión poco conocida del líder y descubre los entresijos de su campaña.

Los gerifaltes de la RDA son tipos obesos cebados de poder, pero vacíos de ideales

En 'Paradise now' descubrimos que un terrorista también llora, ríe, juega y se enamora.

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