08 agosto 2014

Los vestidos punkis de Westwood

Los editores ingleses suelen insistir estoicamente en la importancia de la Semana de la Moda de Londres. Y lo hacen ante el desinterés internacional y el incremento del éxodo de sus mejores diseñadores a París o Milán.

Pero ahora llega una reivindicación irresistible: Anglomanía, tradición y transgresión en la moda británica, una excelente exposición sobre la moda del Reino Unido desde 1976 (por ejemplo, el punk) hasta la actualidad, patrocinada por Burberry. La muestra, que podrá verse hasta el 4 de septiembre, abrió sus puertas hace unos días con pomposidad y muchos famosos en el Metropolitan de Nueva York.

Con gran inteligencia, se exhiben prendas de John Galliano, Alexander McQueen, Vivienne Westwood y otros en las denominadas salas del periodo inglés del museo, junto con maniquíes que visten trajes tradicionales de los siglos XVIII y XIX. Se demuestra así que los diseñadores británicos del momento trabajan dentro de unas tradiciones muy antiguas. En la sala conocida como el Club de los Caballeros, por ejemplo, el tocado nupcial emplumado de Camilla Parker Bowles, de Philip Treacy, y un vestido de Stella McCartney comparten expositor con un traje que llevó el duque de Windsor y otros ropajes magníficos y tradicionales.

Los vestidos punkis de Westwood reflejan cómo ese estilo tan británico utilizaba una iconografía tradicional muy similar, si bien es cierto que de una manera estirada, como la corona de fieltro y las chaquetas y pantalones de tela escocesa rotos de la propia Westwood.

La première atrajo a celebridades como Sarah Jessica Parker, Kate Moss, Sienna Miller, Victoria Beckham, Donald Trump, Jennifer Lopez, Diane von Furstenberg, Lindsay Lohan y otras muchas. La prueba de que Nueva York se ha enamoriscado de Gran Bretaña.«Que vienen los británicos», anuncia la portada actual de Vogue en Estados Unidos. También ha dado comienzo el festival anual Brits Off Broadway, en el que las obras británicas sin gran relevancia llegan a Manhattan con pocos compromisos de audiencia estadounidense.

Según el comisario de Anglomanía, Andrew Bolton, la idea de la exposición nació porque «Estados Unidos parece mostrar un interés especial en Gran Bretaña en este momento. Si conectas la radio, escuchas a los Arctic Monkeys o a Franz Ferdinand; cuando voy a una librería, los primeros autores que veo son Zadie Smith y Alan Hollinghurst; Comme des Garçons ha basado su colección actual en la bandera británica. Esto es muy distinto del Cool Britannia, porque aquello resultaba bastante elaborado, mientras que esto parece mucho más espontáneo y real».

Lo que está claro es que ningún otro país influencia tanto a sus diseñadores con su historia. Tal como muestra la exposición, la temática y la historia británica se reflejan en la totalidad de sus trabajos: desde el fausto real (Westwood, Treacy), la aristocracia (John Galliano, Burberry, Paul Smith), las leyendas (McQueen), la ropa de calle (McQueen, Galliano) y Saville Row (Stella McCartney). Y es lo que ha ocurrido con todos estos diseñadores a lo largo de sus carreras, incluso aunque ninguno de ellos exponga en su propio país.

Su reconocimiento internacional se une al buen momento de otras firmas made in UK. Por ejemplo, Laura Ashley anunció recientemente que sus beneficios son del 39%, Marks & Spencer ha alcanzado en este trimestre las mejores ventas de los últimos tres años y Austin Reed ha visto aumentar las suyas en un 10,9%. Ni siquiera la industria de la moda británica del mercado de masas ha llegado a sucumbir todavía ante la mastodóntica presencia estadounidense (Gap) o española (Zara).

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