24 noviembre 2014

No más bostezos en los Goya

En vez de Goya, los premiados recibían de los presentadores botellines de agua. Elsa Pataky y Najwa Nimri iban sin vestido de noche y en zapatillas. Y afuera no había fans -contratados o no- jaleando a las estrellas, sino señores que salían de Fitur cargados de catálogos de Castro Urdiales y Altea. El ensayo de la gala de los Goya, ayer en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid, mostró las costuras del traje que lucirá hoy la gala. Tal y como adelantó ayer José Corbacho, hubo mucha pelota hinchable, bikini y crema aftersun, como homenaje al landismo. También pollos contra el Euribor. Y hasta aquí se puede leer.

Bastante más macarra que la media de los presentadores, Corbacho fue, en gran parte, el artífice del resurgir de la gala en 2007. Así que este año lleva sobre sus hombros la mitad del peso de la ceremonia. Urge saber su estado físico. «Si fuese futbolista diría que la gala son 90 minutos, algo más en este caso, y hasta que no suena el pitido final no hay nada ganado. Y si fuese ciclista, que he tenido buenas sensaciones en las piernas. Así que, juntando los dos símiles, bien, contento», explicaba ayer tras el ensayo.

Tampoco parecía presionado: «Es un error comparar una gala de premios con un programa de televisión. Prefiero que tengan la presión los directivos de TVE, encargada de emitir la gala, o de la Academia, mientras yo voy a dedicarme a intentar disfrutar, a hacer que los premiados se vayan contentos, aunque eso ya no es cosa mía, y que la gente que acude al Palacio de Congresos se lo pase bien. Porque yo hago dos espectáculos: uno para el directo y otro para la televisión».

Tanto Corbacho como Manel Iglesias, codirector de la gala, y Emilio Pina, productor ejecutivo de la misma, coincidían en que lo principal es que el público asistente al Palacio de Congresos disfrute. «La ceremonia va a ser rápida, muy cómica y esperamos que la gente que esté aquí se lo pase muy bien. Porque ese clímax se transmite al público en su casa», defendía Iglesias. «Lo de hacer una gala en continuidad, sin cortes para publicidad y emitida con retardo fue para evitar los bostezos de la gente de la sala, lo que se traduce en un brillo distinto y una gala viva», remataba Pina.

«Se trata de intentar repetir lo del año pasado», confesaba Corbacho sin ningún tapujo. La recuperación de audiencia perdida y las buenas críticas han empujado al equipo a volver al sistema del pasado año. «Creo que nuestro éxito», ampliaba Iglesias en un descanso del ensayo, «fue convertir una ceremonia de entrega de premios en un espectáculo de televisión». Lo mismo que «convertir lo que era un evento importante para la gente del cine en un evento importante para la gente que lo sigue en su casa».

«Lo de lanzar alguna puya desde el escenario», apunta el presentador, «tiene que ver con mi forma de entender el humor, que es irónica, gamberra y punzante. El año pasado se entendió bien. Luego, el humor tiene muchos colores, y hay algunas partes que son más blancas que la camiseta del Real Madrid. Esto son 100 minutos de liturgia, cuatro minutos por cada uno de los 25 Goya. Y nosotros pensamos que se pueden compensar con un poquito de humor».

Puede que la fórmula cuaje y llegue a oficializarse. «No sé si estamos creando un modelo para el futuro, pero estoy muy contento con este formatito. Nuestro equipo tiene una forma muy personal de trabajar y yo también: me da lo mismo salir vestido de mujer que de niño o con trajes elegantes». Pero, según Corbacho, más que fórmulas, lo que hay que encontrar son puntos en común: «Antes, lo que más costaba era unir las sinergias de cosas tan diferentes como la Academia, TVE y el equipo creativo de la gala».

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