14 mayo 2016

Lo primero en congelarse son las orejas

Las orejas son las primeras en sentir la picadura del invierno ruso. Expuestas a la intemperie, enrojecen en pocos minutos hasta quedar insensibles. Los dedos y la nariz van a la par en esta primera y más común fase de congelación que padece todo inconsciente que ose saltar a la calle sin gorro.

De continuar la exposición a la intemperie, la epidermis se amorata recubriéndose de llagas. Después, los músculos se entumecen y la temperatura corporal desciende hasta que los tejidos orgánicos se solidifican, la sangre se coagula y el frío se filtra, literalmente, hasta los mismos huesos, lo que desencadenará un proceso de gangrena ósea conocido como necrosis o destrucción de los huesos.

Los más de 100 muertos por hipotermia registrados en Moscú desde primeros de octubre pasaron irremisiblemente por estos cuatro estadios de congelación antes de morir, según Valentina Pasienko, experta en traumatología del hospital moscovita de Ostrumov, habituada a tratar casos extremos de congelación.

Con el comienzo del año, el general invierno ha hecho su entrada triunfal en Rusia encogiendo el mercurio de los termómetros de Siberia hasta unos históricos 52 grados bajo cero (25 por debajo de la media habitual), una temperatura desconocida desde 1931, según la prensa rusa. Un muerto y 30 hospitalizados en Krasnoyarsk, en la región siberiana de Irkutsk, completan el primer balance provisional del invierno.

Sin embargo es en Moscú, que no suele registrar temperaturas inferiores a 20 grados bajo cero, donde el número de muertos por congelación se dispara. Ello se debe a que, como confirma el jefe de los servicios de urgencia de Moscú, Igor Elquis, los vagabundos y alcohólicos que pululan por las grandes urbes engrosan la lista de víctimas del frío.

Confiando su suerte al engañoso alivio del vodka, los sin techo moscovitas terminan acurrucándose en cualquier banco de la ciudad sumiéndose en un plácido letargo mortal. Su única esperanza: ser rescatados a tiempo por los policías del servicio municipal de desintoxicación etílica, que los recluirán en uno de los centros dispuestos para que duerman la mona o los hospitalizarán, en los casos más graves.

Estos centros nunca han gozado de buena fama debido al burdo trato que suelen dispensar los milicianos a los eventuales inquilinos, así como a su insalubridad. Para colmo, en muchos casos los vagabundos han de pagar por la dormida, así como una multa que exige la legislación antialcohólica.

Sin embargo, ese incómodo trance ha salvado de una muerte segura a muchos noctámbulos moscovitas, rescatándolos in extremis de las gélidas garras de la noche invernal. Desde el primero de enero, momento en que da comienzo la Navidad rusa, aumentó notablemente el número de hospitalizados por hipotermia. En total, unas 130.

La mayor parte de los 17 muertos que se han cobrado en Moscú las bajas temperaturas durante la primera semana del año presentaban claros síntomas de embriaguez. El pasado 7 de enero -el día de Navidad, según el calendario ortodoxo-, un responsable del Ministerio para las Situaciones de Emergencia se vio obligado a alertar por el canal público de televisión RTR a la población y a contravenir el arraigado mito popular ruso según el cual el vodka es el mejor antídoto para combatir el frío.

El pasado mes de noviembre, la región de Primoria, en el Extremo Oriente, hizo saltar la alarma cuando 70.000 rusos se quedaron sin calefacción por falta de combustible. La crítica situación que atravesó la zona puso en la picota a los poderes regionales, cuyas deudas energéticas siguen manifestándose hoy en los continuos cortes de suministro que han dejado esta semana a otros 15.000 habitantes de Primoria a merced de los 30 grados bajo cero registrados en la zona.

Las autoridades de Novosibirsk, en donde el frío no sólo atenazó ayer los músculos de sus habitantes sino también los motores de los tranvías urbanos, han recomendado a la población no salir de sus casas. Sin embargo, la medida se revela insuficiente, ya que alrededor de 6.000 personas carecen de calefacción en Siberia, entre ellas 2.000 inquilinos de viviendas militares en Novosibirsk.

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