04 junio 2016

El retorno de la muerte

En la siguiente entrega de láminas, la número 29 de la colección,el lector recibirá tres obras muy diferentes. La escultura Busto de hombre barbado es un ejemplo interesante del uso que Picasso hacía de los desperdicios para, ensamblándolos, generar esculturas de personajes y animales. 

La cerámica es una obra de gran intensidad en la que los Cuatro peces, del color rojo intenso del barro, son representados por medio de incisiones. Por último, Esbozo para pobres genios es uno de los trabajos preparatorios para un óleo que quizá Picasso nunca realizó y en el que la presencia de la muerte invade la escena.

La entrega de mañana incluye un dibujo, una escultura y una interesante cerámica.

La capacidad escultórica de Picasso no ha sido puesta de manifiesto con la misma intensidad que su aproximación a la pintura. No obstante, el dominio magistral del espacio, los volúmenes y las proporciones le permitió alterarlas con una creatividad desconcertante para generar alguna de las esculturas más interesantes del siglo XX.

Atraído por el objeto hallado surrealista y probablemente por el Ready made duchampiano, Picasso recoge objetos sin ningún valor aparente y los acopla para generar una nueva realidad.Un ladrillo, un poco de barro, y un trozo de tela le sirven para crear en 1933 este Busto de hombre barbado; tiempo después, otros elementos desechados darán vida a dos de las esculturas más importantes del siglo: La Cabra (1950) y La mona y su cría (1951).

Es posible que la cerámica de Picasso sea, junto a sus últimos cuadros, la parte más conflictiva de su producción.Se ha criticado insistentemente el hecho de que estas piezas son, en muchos casos, meras decoraciones realizadas por un artista cuyo trazo convertía en oro, como el rey Midas, todo lo que tocaba.No es posible negar que, muchos platos, jarras o vasos de Picasso, carecen de interés más allá del hecho de haber sido realizados por la mano de un gran artista. No obstante, otras, como Cuatro peces, realizada en 1950, poseen la fuerza de sus grandes obras.

En esta pieza existe una intensidad sorprendente en la representación de los animales que parecen nadar circularmente en un constante retorno de lo absurdo. Queda la duda de si esos peces, cuyo color contrasta bellamente con el fondo blanco, son realmente cuatro o tan sólo uno representado en diferentes momentos de su paranoico retorno.

Los bocetos y dibujos preparatorios de una obra poseen el interés de dar acceso directo al proceso de su configuración y de ser testimonio de la espontaneidad del artista en el momento de generarla. En este caso se trata de uno de los muchos esbozos realizados para un óleo que probablemente nunca se pintó.

La escena muestra una habitación en la que alguien muere acompañado de amigos y familiares. Lo trágico de la disolución de la vida como una constante en la obra de los grandes creadores , se insinúa aquí en una composición ciertamente dramática. El moribundo aparece acompañado por una figura de pie junto al lecho y otras personas sentadas con gestos compungidos.

Quizá lo más desconcertante de la escena sea el personaje que, al fondo a la derecha, contempla un cuadro. La muerte y la pintura parecen enfrentarse cara a cara como las dos posibilidades inevitables de una misma tragedia.

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