19 septiembre 2016

A Aisha le cortó su marido la nariz

Tengo que vivir. Tengo que amar... No viviré horrorizada nunca más... Antes me aterraba ver mi rostro en el espejo. Ya no... Ya no...

-Lo que ocurrió es parte de mi vida. Forma parte ya de mí; está conmigo siempre, sí, en mi mente y conmigo, pero...

Es al final de esa frase cuando Aesha dice lo que dice. Ese quiero vivir, quiero amar. Aunque en inglés lo diga como un propósito que le obliga: I have to (tengo que) live, and I have to love. Amar y vivir.

Han pasado cinco años y medio desde que el marido talibán con el que la obligaron a casarse le cortó la nariz y las orejas cuando intentaba huir, y Aesha, desde su refugio en Maryland (EEUU), empieza a hablar con esperanza.

-Aquí he encontrado el sentido de la vida. Allí no entendía para qué vivir.

Aisha Mohammadzai -de 21 o 22 años, nunca supo su fecha de nacimiento- ya ha recuperado la sonrisa y está apunto de recuperar también el bello rostro que le arrebataron. Dice que ya no tiene miedo, jura que no vivirá horrorizada y lo demuestra posando ante la cámara aunque no haya acabado la reconstrucción.

-No me importa. Todo el mundo tiene algún problema. Al principio me daba miedo mirarme en el espejo...

Hace seis meses que se puso en manos de los especialistas del Walter Reed National Military Medical Center de Bethesda (Maryland), quienes, a diferencia de los doctores de Nueva York que la atendieron antes, sí la creen psíquicamente preparada para someterse al proceso. En Nueva York eran frecuentes las arrancadas violentas de Aesha, quien incluso se autolesionó en lo que los médicos llamaron «ataques de imitación». La joven no terminó de aceptar tampoco la nariz estética que le fabricaron al llegar a EEUU.

Vencidos los fantasmas mentales, reconfortada por la pareja afgana que la ha acogido en Frederick (Maryland), está a punto de recomponer también ese perfil cortado en el espejo que cada día le recuerda lo que pasó. 

El lunes 17 le extrajeron cartílago de una costilla para construir con él una suerte de tabique nasal y dos aletas con los que apuntalarán la estructura de su nueva nariz, ahora compuesta con tejido extraído de su antebrazo. La protuberancia de la frente es una maniobra médica para estirarle la piel. Cuando dé de sí lo suficiente, los cirujanos vaciarán la silicona que le han ido inyectando y la estirarán hacia abajo hasta que cubra la nueva nariz. El próximo verano, Aesha tendrá una cara nueva. La belleza brotará definitivamente del horror.

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