15 septiembre 2016

Los hombres quieren ser como Ken

A Justin Jedlica le preocupaba desde niño el tamaño de su nariz. Cuando cumplió los 18 años necesarios para operarse sin el consentimiento de sus padres, se metió en su primer quirófano para empequeñecer y achatar su nariz. Cinco retoques después, aún cree que ha conseguido sólo «tres cuartas partes» de su misión.

Después de la nariz, Jedlica empezó a preocuparse por sus glúteos. Los quería más altos y más prietos y en la última década ha pasado por una treintena de operaciones y retoques sólo para mejorar esa parte de su cuerpo. Pero una vez conseguida la nariz y los glúteos que quería, Jedlica pensó que no tenía el torso suficientemente fuerte para posar en las fotos de la playa.

Volvió a meterse en el quirófano y sólo entonces se dio cuenta de que sus brazos parecían demasiado pequeños en comparación con el resto de su cuerpo. Para conseguir bíceps y tríceps acordes al resto no quería pasar horas en el gimnasio y optó por volver a la silicona.

En total, dice que lleva más de 90 operaciones y que se ha gastado unos 100.000 dólares (alrededor de 75.000 euros) para lograr a los 32 años tener el cuerpo que buscaba y que hoy exhibe en su página de fans de Facebook, con fotos profesionales y otras personales, la mayoría de fiestas con amigos semidesnudos. Para Jedlica, ésta es una manera de «esculpir» su cuerpo y no quiere parar pese a que los médicos ya le han advertido de los peligros a largo plazo. «Es como decirle a Picasso que no pinte», dice él.

«Cuanto más extraña sea la cirugía, mejor. Me encanta la metamorfosis», explicó a la cadena de televisión ABC en octubre. «¿Por qué voy a parar?», le dijo a la presentadora que le insistía en que su adicción a la silicona suena a «una locura». «No estoy loco, sólo soy detallista con lo que me gusta», puntualizó Jedlica. Para él, pasar por el quirófano, por mucho que duela, es «más glamouroso y más fabuloso» que sudar durante horas en el gimnasio.

Desde que apareció en la ABC, le llegan más ofertas para posar para revistas o para libros de fotografía. Contactado por este diario, Jedlica pasó las preguntas más personales sobre su vida a su agente. En general, él es críptico sobre su pasado. Dice que fue un buen estudiante en Nueva York, que siempre sacaba buenas notas y le gustaba la perfección. Se queja de que los medios le están caricaturizando y que él sólo pretende mejorar. Se toma con ironía su propia obsesión y cuelga fotos que se ríen de la cirugía, como la de un pato real y un pato de plástico, o que se burlan de la locura del bisturí.

Al ser interrogado por una modelo ucraniana que posa como si fuera Barbie después de haber pasado por operaciones estéticas y alguna sesión de Photoshop, el neoyorquino dice: «Es guapa, pero me parece que gran parte de su look es maquillaje, pelo falso y algún corsé… Las drag queens han conseguido la misma ilusión con maquillaje y disfraces durante años».

«Cuanto más extraña sea la cirugía, mejor. Me encanta la metamorfosis»
1980: Nace en la ciudad de Nueva York. 1998: Se 'lanza' por primera vez al quirófano para hacerse su primera operación de estética, de la nariz. 2000: Empieza con la cadena de cirugía hasta llegar a más de 90 operaciones y retoques estéticos. 2012: Cuenta su historia en la cadena ABC y le llegan ofertas como modelo.

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