14 febrero 2017

El amor desmedido por la moda

«Una gran historia de amor...». Ya me imaginaba yo, pensé, que algo le pasaba a Charo Izquierdo para estar tan bellamente exultante. «Una gran historia de amor -continuó- con la moda española». Vaya por Dios, yo que ya pensaba que tenía tela que cortar en la redacción. En el baño. Con la segunda capa de rouge Paloma Picasso. «Pues Charo Izquierdo, ayer en la fiesta que abre Cibeles, dijo, que yo la oí, y subidita a un estrado del Villa Magna, por cierto con un vestido en rojo ideal, que está viviendo el amor de su vida y, por eso, está así de estupenda. ¿Cómo os queda el ojo?», que una, ya que se pone, inventa, recrea, corta, pinta y colorea.


Pero nada. Que la directora de la revista reafirmaba su compromiso y el de su publicación con el diseño made in Spain y me quedaba yo con dos palmos de narices y sin un cotilleo tan suculento. Sea como fuere, cómo estaba de guapa la Izquierdo y qué buena boda ha hecho Andrés Aberasturi jr. que, mira tú por dónde, no me quedé yo con ganas de comedia romántica. Estaba radiante y eso que ayer todo fueron nervios en la inauguración del Ego, que él dirige, teniendo como espectadora de excepción a Doña Letizia. De Adolfo Domínguez. Que si tiene que dedicar el modisto gallego todos sus ingresos a una campaña mediática no le sale mejor.

Se lo tuve que decir a Pacho Castilla, mandamás de la firma, que una ya no se calla nada. «Hijo, ¿cómo ha sido?». «¡Cómo ha sido, Ana!», mirándonos a los ojos. No hacían falta más palabras. Ya estaba todo dicho. Que eso también nos pasaba a todas con Christian Louboutin y sus slippers de perlitas y motivos arapahoes. Que nos mirábamos, sonreíamos, señalábamos al zapato y/o stilletto que nos alzaba el gemelo y decíamos: congratulations. Que también estaba ya todo dicho o que ninguna hablamos ni inglés ni francés. Alaska sí. Charló sobre su gira, que esta chica vale un Potosí. Y Rossy de Palma, también. Como que llevaba un salón con la consabida suela rosa en toda la coronilla. Con tal zapatazo en la crisma, una puede hablar en bable si le sale de la blonda. Bibi, en cambio, se quedaba muda. Había tenido que medicarse porque el tacón que iba a ponerse de repente no le combinaba con el estilismo y «un drama así, de forma natural, ya sabes niña que no se pasa. Para algo está el trankimazín».

«¿Y Lomana? ¿Dónde se ha metido Lomana?». «A mí me ha dicho que tenía que descansar, que mañana tenía que estar fresca ante el estreno mundial del bolso que lleva su nombre». La que contestaba a la pregunta era servidora, que me las doy de lista. Pero Carmen estaba en Yo Dona como todo el que es alguien en Madrid y el mundo, pero es tal el gentío que mueve, que una ya no se puede ni acercar a la diva rubia. Me guarecí en los brazos de Miguel Marinero, siempre lo hago, como entre sus pieles en invierno, para sentir calor de hogar. También tuve oportunidad de hacerlo en los de Emiliano Suárez, que manos que engarzan brillantes bien pueden cobijar a una dama como moi.

Hasta pensé tirarme cual dama de las camelias a los pies de Jesús del Pozo para que me recogiera con su pashmina. Cuando una mujer se siente desvalida, siempre hay que apuntar alto, n'est-ce pas?

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