28 abril 2017

Arrancándole la cabeza al ganso

El resurgir de una España negra, donde los odios y venganzas se zanjaban a tiros y navajazos. 

Pero lo que es de veras sorprendente es su sorpresa. No hace tanto, publicaban ustedes una foto de un joven que, colgado de un ganso, le arrancaba a éste la cabeza a mordiscos. Lleno está este país de lugares donde «la fiesta» y «la diversión» consisten en arrancarle a un gallo la cabeza o los testículos a un toro. Y nos imaginamos a las madres y novias de los mozos todas satisfechas porque no olvidemos que si cometen semejantes «hazañas» no es más que para demostrar su hombría ante el pueblo. 

Porque aquí «ser hombre» significa ser capaz de arrancarle el cuello a mordiscos a un ganso, o sacarle de una pedrada un ojo a un toro, o tirar desde un campanario a una cabra (eso sí después de haberla ordeñado), o ahogar a vaquillas después de apaleadas, o destrozar lentamente a mansos herbívoros en una plaza vestido de rosa y lentejuelas. iY luego nos causa sorpresa que dos mujeres exijan a sus hermanos que «sean hombres» y se lien a tiros (con la escopeta de caza) con medió pueblo! Se recoge lo que se siembra. Y donde sólo hay brutalidad y desprecio a la vida, donde la sangre y la crueldad son moneda corriente, sorprenderse de que estas cosas pasen es cinismo. 

Sólo cuando en España dejen de confundirse la hombría con la brutalidad, la tradición con la ignorancia y la cultura con la crueldad podremos hablar por fin de haber enterrado la España negra.

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