23 agosto 2012

Elvis y Bach juntos en la televisión

Horas antes de que el doctor Vallejo-Nágera falleciera, su hija Alejandra estuvo en televisión, en el programa de Jesús Hermida «A mi manera», en un acto un tanto insólito, pero que, al conocerse la noticia, adquiría su verdadera dimensión: presentar su último libro, Aprender a hablar en público hoy, que esta semana va a poner a la venta la editorial Planeta.

Juan Antonio Vallejo-Nágera ha tardado un año en escribir esta obra, que, según le contó a Hermida su hija, pretende enseñar a la gente, en general, no sólo a la clase política, a hablar bien en público, dando una serie de consejos, sencillos y prácticos, para que cualquiera, en no importa qué ocasión, supiera desenvolverse con naturalidad. «Mi padre dice que no hay que seguir un método especial para hablar, que no hay que impostar la voz, ni mostrar afectación.

Para él sólo hay una regla que seguir: atreverse, sin más, a decidirse», comentaba Alejandra Vallejo-Nágera. Hermida, que le ha tenido, en más de una ocasión en la tertulia de su programa y que hace unas semanas le hizo una entrevista en profundidad, le comentó a la hija que su padre, con este libro, «había dado, una vez más, una lección de humanidad». La breve entrevista se inició con una pieza de Bach -Bach y Mozart eran algunos de sus compositores preferidos- y terminó con una canción de Elvis Presley. Como reconoció, con una sonrisa triste su hija, al doctor Vallejo-Nágera le gustaba mucho el rey del rock. El doctor Vallejo-Nágera, autor de libros de divulgación y de entretenimiento, que ha convertido muchos de sus títulos en auténticos «best-sellers», era hombre amigo de tertulias y de comparencias radiofónicas y televisivas. Intervenía igual en la COPE, en el programa de Luis del Olmo -fue éste quien, sin nombrarlo, dio hace unos meses la noticia de la gravedad del estado de Vallejo-Nágera-, que en la tertulia de Hermida. Precisamente fue éste quien le realizó, cuando ya se conocía la irreversibilidad de su enfermedad, una entrevista en profundidad.

Su trato cordial, su manera de hablar, reposada y sosegada, le hacía una persona idónea como contertulio: igual hablaba de política que de literatura, de religión o de comportamientos humanos. E igual que hablaba escribía. De ahí que fuera un escritor de éxito, tanto cuando trataba temas médicos como cuando escribía libros de ficción.

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