28 mayo 2014

Supervivientes

El reality es un concurso televisivo. Juguemos. Una barracuda amputa tres dedos de un concursante de un mordisco. ¿Verdad o mentira? El helicóptero que traslada al equipo se estrella contra el mar.

¿Verdad o mentira? Una concursante se retoza en la arena por el insoportable picor de una medusas microscópicas. ¿Verdad o mentira? Un miembro del equipo muere. ¿Verdad o mentira?

Las respuestas las sabe Juan Luis Marín, periodista y guionista que ha trabajado en programas de televisión como Gran Hermano, Mujeres y Hombres y Viceversa, Super Modelo y que fue dos años subdirector de Supervivientes. 

Ahora que ha tomado distancia con estos realities, publica Isla Perpetua, un libro donde ficciona cómo se hace uno de estos programas. 

"Es ficción, pero parto de mi experiencia, claro", aclara. Cuenta la grabación de Náufragos, un reality de supervivencia en el Caribe, salpicado de tensiones, accidentes e, incluso, muertes. Un juego sobre el alambre de la realidad y la imaginación.


"¿Hasta dónde puedes controlarlo todo?", se pregunta Marín al hablar sobre los peligros de una grabación como la de Supervivientes. "Controlas, hay seguridad, pero no puedes hacer nada si, de repente, aparece una barracuda y muerde a un concursante. 


O estás durmiendo y todo se empieza a mover por un terremoto de 7,1 grados. Eso no se puede controlar". En 2008, los concursantes y parte del equipo de grabación se quedaron atrapados en un cayo por un temporal y tuvieron que lanzarles víveres desde un helicóptero. 

"Nos vacunamos y tomamos las pastillas de la malaria. Pero nadie te garantiza que no la cojas. Un compañero pilló una neumonía y vomitó sangre. Se tuvo que volver a Madrid. A otro, un clavo le atravesó el pie".

Sabe de lo que habla. Ha estado en Honduras y Nicaragua como subdirector de dos ediciones de este reality. Antes fue guionista por otras dos ediciones.

– Hay un guión en estos programas, ¿verdad?

– Sé que la gente lo piensa. Pero todo es real. Lo que ellos viven es auténtico. Lo que guionizas o provocas son las pruebas. 


Lo que ocurre es que con el paso de los años los concursantes son profesionales de estos programas. Saben qué hacer, vivir, cómo generar empatía. Ya no son puros como el primer Gran Hermano. La manipulación está en ellos mismos.

Tan real como el accidente del helicóptero civil que trasladaba al equipo técnico de una isla a otra en Honduras, en 2009. "Me acababa de bajar", recuerda Marín. El aparato despegó para ir a por más compañeros. Era de noche. 

"Escuché ruido por el walkie. Vivimos por radio la retransmisión en directo del accidente". Se estrelló contra el mar. A punto estuvo de hacerlo contra los bungalows donde se alojaba el equipo del programa. El piloto fue rescatado por un nativo que se lanzó al agua. Sólo sufrió una fractura de muñeca.

O real como la caída de Álvaro Muñoz Escassi en 2009, debido a la cual se fastidió el tobillo derecho y tuvo que regresar a Madrid. 


Escalaba una pendiente muy inclinada, se apoyó en un tronco que estaba podrido y tuvo que ser evacuado de urgencia a un hospital. 

O la reacción que sufrió la modelo venezolana Ivonne Orsini por la picadura de medusas microscópicas: se rebozaba en la arena ante el picor insufrible por todo el cuerpo. Le pusieron una inyección para aliviarla.

Con todo, a Marín lo que más le impresiona es la transformación física que sufren los concursantes. "Algunos llegan a adelgazar 27 kilos. 


Cuando se van, tienen la mirada perdida. Recuerdo que tuvimos que llevarnos a Daniela Blume porque sufrió algunos ataques de ansiedad. Su imagen, enfrente mía, en el helicóptero, con la mirada totalmente perdida es inolvidable".

– ¿Se ve todo lo que ocurre?

– En cantidad, lo que se ve es casi todo lo que pasa. Además, la regla en televisión es que si no se emite, no ha pasado. Ocurre que hay determinadas cosas que no se pueden emitir. 

Por ejemplo, en Gran hermano no podíamos mostrar a los concursantes bajo los efectos del alcohol. Un día, unas chicas se quitaron la camiseta, se quedaron en tetas, pero no lo pudimos sacar porque habían bebido.


Para Marín, el peligro de estos formatos no es tanto el rodaje en sí sino las situaciones de convivencia extrema en que han derivado. "Ése es el peligro y no tanto dónde los llevas. 

El perfil de concursante, generar la confrontación y situaciones límites. Fomentar la convivencia y no la aventura". Eso, y quedar sin comida 

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