18 septiembre 2014

Natasha Richardson ha muerto

Repaso las imágenes que acompañan la noticia de la muerte de Natasha Richardson, hija de Vanessa Redgrave y del renovador del british cinema Tony Richardson. El hospital, el velatorio, el entierro...Significativa es una fotografía recogida en ¡Hola! a doble página: a un lado las figuras de Vanessa Redgrave y del actor Liam Neeson, viudo de la fallecida; al otro, el vacío del cielo y la tierra.

Sorprende la actitud de esta familia serena, sin mostrar excesos en su pesar. Una breve sonrisa a los periodistas, sin los nervios crispados de otros famosos en situaciones parecidas. Un gesto de agradecimiento a los organizadores de un homenaje en Broadway, donde se apagaron las luces de los teatros. Admiro a las personas que no se desmoronan en público. 

En la Grecia clásica, exteriorizar el dolor por la muerte era de mal gusto, así que familiares y amigos pagaban a las plañideras para que llevaran a cabo su acto ritual de consternación. No hablo de llegar a este extremo, pero me cohíbe la exhibición de la pena a gritos y golpes, aún siendo sentida de verdad. Ese carácter latino que ensombrece la sinceridad con ciertas dosis de teatralidad y pamplina, no digo ya si hay una cámara de televisión delante. La crónica de sucesos diaria muestra a individuos desesperados que mesan sus cabellos cual valquirias enloquecidas.

Digo esto porque alcancé a escuchar en una sección radiofónica que no pude identificar la crítica del locutor al comportamiento de esta familia, demasiado frío, decía. Resaltó que a Natasha, al fin y al cabo, la habían desconectado del respirador mecánico que la mantenía con vida tras sufrir el accidente que le produjo una muerte cerebral. Efectivamente, fue trasladada a Nueva York y allí su familia decidió no mantener sus constantes por vía artificial y fue desconectada mientras su madre le cantaba una nana.

Vanessa Redgrave no ha sido un personaje de mi agrado, los artistas que utilizan las entregas de premios para lanzar consignas políticas me parecen un poco pesados, y la Redgrave ha aprovechado cualquier ocasión para hacer pequeñas declaraciones de principios. En los años 70 su activismo la llevó a presentarse como candidata por el Partido Revolucionario Trotskista. De igual forma ha elegido sus trabajos en cine y teatro, retratando a mujeres comprometidas con las que supongo sentiría afinidad. La edad y el reconocimiento como gran dama del teatro han endulzado su carácter inglés. Su yerno es también un actor de grandes interpretaciones, como lo son sus dos hijas, la fallecida y Joely Richardson. La propia Vanessa es hija y hermana de actores. Quizá sea ese saber estar sobre las tablas, ese ser actores de verdad, artesanos con oficio más allá de las modas de la industria cinematográfica, lo que les da el aplomo para enfrentar públicamente su desgracia.

Ahora me inclino ante esta familia, ante la madre que decide junto a los suyos no alargar lo inevitable, la que se detiene ante la prensa sin exhibir excesos. No hay nada peor que un actor sobreactuado, y ése nunca ha sido el defecto de esta saga de grandes intérpretes.

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