07 febrero 2017

Leyendas urbanas con regusto a cine negro

Que me gusta a mí una leyenda. Urbana. O no. De las perversas. Incluso morbosas. Maledicentes a fin de cuentas. De ésas, con regusto a cine negro. Como aquella que decía que Lana Turner fue descubierta como cajera en un Lidl -o lo que hubiera en el medio oeste americano-, y que tras convertirse en una luminaria y tener una hija con un gañán, ésta le pegó cuatro tiros y Lana, ejerciendo de madre coraje, dijo que había sido ella sin darse cuenta. Por eso, Cibeles me fascina más allá de su moqueta gris marengo, porque hay leyendas en las que nadie cree, que todo el mundo comenta y nadie publica... Salvo servidora.


Como Kenneth Anger y su Hollywood Babylone. Volúmenes I y II. Que si la escritora hubiera sido Carmen Lomana, tendría para tres, incluso para cuatro, que esta diva tiene anécdotas hasta dejarte exhausta. No te digo más que, tras verla en el stand,  cual Jesucristo multiplicando fans en vez de panes y peces, podría haber sido la V evangelista con su decálogo sobre la mujer extrasobresaliente.

Pero a lo que iba, que hay cosas que una ve y oye, como oye y ve Esperanza Gracia en las órbitas de los astros y las gasas de Victorio & Lucchino, que pasan inadvertidas ante los demás porque no aciertan a ver el halo de misterio que encierran. Místico. O barroco. Que por eso nadie vio a Mar García Vaquero. Porque la luz tostada de su hermana Begoña Trapote cegó los objetivos para con la mujer que gobierna el corazón del ex presidente Felipe González. Fortísimo. «Era Mar». «Qué va. Era una rubia. Punto», me replicaron. Y lo mismo, con Isabel Tocino y su pinza sujetándole su melena escandinava y leonina.

Todos estaban en otra cosa. En la evidencia. Véase en el postizo de Soraya y qué pena más grande. Y más rala. Para mí que, aceptar tales verdades, a la gente le da miedo. Creer en la presencia de Isabel Tocino en Ifema debe de ser para cualquier mortal tan inaudito como esperar a que Isabel Tenaille o Mari Cruz Soriano desfilaran en Ion Fiz cuando esa función se la reservaba el vasco a Raquel Sánchez Silva, que bien podía haberse ido a Pekín. En un express.

Luego, en cambio, te llega un Joaquín Torres que busca más que nadie ser realidad tangible, o sea, famoso, y tampoco te dan crédito. Porque aún no es mito. Ni siquiera bulo. Que ¿quién es? Pues el arquitecto que está construyendo el nido de amor de Pe, Ja y su bebé de cuatro meses y medio que no estaba aún engendrado hace dos. Y esto es un scoop en toda regla. Porque lo de las Five Destiny Child que pisaron el sábado la red carpet todo el mundo lo sabe ya. Five Baskets Wifes que relucían más que cinco urracas. ¿Y lo de las princesas kuwaities que de princesas nada, pero de tenderas de boutique, todo, qué? Pues eso, que leyendas a mí... Especialmente cuando la mía está en decadencia. De front row a la fila seis, como Chabeli. De niña a mujer. Y ahora casi reconozco a Nuria Fergó o a Tessa de Baviera por la coronilla más que por el perfil.

Menos mal que todavía quedan leyendas insondables: las piernas de Ágatha. Aunque más que una leyenda, esos dos muslos, esas dos rodillas, esas dos pantorrillas y esos dos tobillos son una verdad. Absoluta.

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