16 noviembre 2012

Sabiendo cuidar la foto

Estas revistas de amplio horizonte cultural saben conjugar perfectamente la imagen y las palabras. No son revistas para «ver» únicamente, tampoco para perder la razón en el dédalo de las palabras antiguas apiñadas de espaldas a la ilustración. Por el contrario, saben éstas que una imagen vale más de mil palabras, pero que más valen imagen y mil palabras juntas. En eso están. El Europeo, como El Paseante, como el Magazine de este diario, ensancha sus límites para que las fotos se estiren a gusto. Es El Europeo una revista «bonita», de hoy, que apuesta por la modernidad, por lo ligero.

Sus páginas, que abrevan en todos los convencionalismos de estos tiempos, no desdeñan, sin embargo, el texto, la palabra escrita, que encuentra acomodo en estas páginas brillantes, en las que igual pasea sus arrugas el Topolino, que cumple 55 años, o la pizza, que cumple 100, o Miquel Barceló, que despliega sus telas. Hay sitio también para Donald Trump, míster dólar de esa hoguera de las vanidades, que atesora dinero, osadía y una divisa: «Trump jamás permitiría que le vieran sudar». Album es de otro siglo. Un editor visionario y obseso de la calidad de las ilustraciones, Jesús Tablate, vuelve la vista atrás, al arte, a la arquitectura, al vivir finisecular, decadente y «dandy» del XIX mejor conservado. Aquí el texto acompaña sobriamente a la ilustración, al cuadro, al grabado, al palacio antiguo, de tono sepia o de espléndido color o de sobrio y hermoso blanco y negro.

El Paseante, propiedad de Jacobo Martínez de Irujo, hijo de la duquesa de Alba, tiene aromas cosmopolitas y cibernéticos. Es revista internacional («English texts»), que está a todo, igual acoge la digna decadencia de ese dinosaurio de la Literatura, con mayúscula, la que ya no cotiza en bolsa, como es Juan Carlos Onetti, o le hace un hueco a la Madame de la modernidad norteamericana de siempre como es Susan Sontag o prepara sus páginas -puro diseñopara instalar un sesudo artículo sobre la teoría general de la evolución.

Todo cabe cuando hay criterio imaginativo. Imaginación también para gastar adecuadamente los dineros públicos -el chocolate del loro, claro, de los Presupuestos Generales- es lo que pone la revista, pagada por el Ministerio de Cultura, Poesía, que reaparece tras un largo silencio con un número triple monográfico dedicado al poeta chileno, muy animador de las vanguardias de los años veinte, Vicente Huidobro. Es este baúl de recuerdos, almoneda de cuartillas, poemilla, revistillas y álbum de fotografías como para estar un buen rato, ante él, con la boca abierta. Todo un pozo de sugerencias, todo un cofre del tesoro, toda una pieza decoleccionista: hay que ir a por él.

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