30 de octubre, la noche del diablo
En la víspera de Halloween se celebra la noche del diablo. Repasamos de dónde viene y por qué ocurre, cómo llegó a ser tan violenta en Detroit, qué turbios negocios inmobiliarios había detrás y cómo la película "El cuervo" (The Crow) los sacó a la luz.
Porque hay quien solo disfruta viendo arder el mundo.
Samhain es noche de fuegos.
Aparte de los países que hablan inglés, poca gente sabe que la víspera de Halloween, el 30 de octubre, se celebra la noche del diablo.
Si Halloween gira en torno al "truco o trato", es decir, me das algo de comer o te la juego, la noche del diablo se olvida del trato y va directa al truco, a la broma de mal gusto.
Esta costumbre existe desde finales del siglo XVIII, pero cobró fuerza a partir de los años cuarenta. Las gamberradas pasaron a ser pequeños delitos y, en los setenta, auténticos crímenes, sobre todo incendios provocados que escondían turbios intereses urbanísticos.
Algunas fiestas paganas se celebraban originalmente en mayo y otras en noviembre.
Los folcloristas británicos Iona y Peter Opie investigaron por qué acabaron todas en esa fecha, pero no dieron con la explicación.
El "truco" de Halloween procede de Samhain, la fiesta celta de la que surgió. Samhain marcaba el año nuevo celta, el fin de la cosecha, la vuelta de los espíritus de los antepasados y la llegada de la estación oscura.
Entre sus ritos estaba gastar bromas y echarles la culpa a las hadas.
La primera noche de las travesuras documentada fue de lo más inocente. La promovió en 1790 el director de un colegio inglés para que los niños se divirtieran de manera sana e inofensiva.
En Inglaterra la costumbre fue desapareciendo, pero sobrevivió en las antiguas colonias a las que se llevó, sobre todo Canadá y la costa este de Estados Unidos.
Ciudades como Detroit, en cambio, conocieron la cara más oscura del 30 de octubre, la noche del diablo.
Al principio sólo era noche de travesuras.
Las bromas más "suaves" de la noche de las travesuras se parecen mucho a las de Halloween.
- Romper los adornos de Halloween de los vecinos, reventando calabazas.
- Cubrir jardines y fachadas con rollos de papel higiénico.
- Tirar petardos a coches y viandantes.
- Arrojar huevos y fruta podrida contra coches, autobuses y viviendas.
- Untar de jabón ventanas y escaparates.
- Hacer grafitis.
- El “knock, knock, ginger”, que consiste en llamar a la puerta del vecino y salir corriendo a esconderse.
Cuando la noche de las travesuras se volvió la noche del diablo.
Durante los años treinta y cuarenta las gamberradas fueron subiendo de tono. En algunos lugares el 30 de octubre acabó siendo una jornada de altercados que ponía el pueblo patas arriba. Se atribuía al malestar social que dejó la Gran Depresión.
Hay otro motivo. Halloween no convence a todo el mundo. Entre niños en tropel, golosinas y disfraces, la fiesta se ha comercializado y vuelto tan infantil que apenas le queda nada de su lado de revancha, de venganza y de desahogo.
En esta vida, algunas personas solo quieren ver el mundo arder.
Hay gente a la que Halloween no le dice nada, pero que disfruta de lo lindo con la parte de fastidiar a los demás. Así que matan dos pájaros de un tiro. Adelantan las jugarretas al día 30 y, de paso, destrozan los adornos de los vecinos, que se quedan casi sin tiempo para arreglarlos antes de la fiesta.
La noche del diablo fue ganando intensidad hasta que, en los años setenta, empezaron a darse delitos como los incendios provocados, con la intención de prender fuego a las calles.
Como dice Alfred hablando del Joker en una de las películas de Batman, “hay hombres que solo quieren ver arder el mundo”.
Detroit, la ciudad que más sufrió la noche del diablo
Detroit fue durante años el escenario de noches del diablo especialmente violentas. Una ciudad en crisis constante, donde se juntan la desindustrialización, el malestar social y la huida de buena parte de sus habitantes de la que fue la antigua Motor City.
Los incendios provocados esa noche en Detroit no dejaron de crecer hasta alcanzar su récord en 1984, con 800 fuegos dentro de la propia ciudad y no en las afueras.
¿Una zona de guerra? No, es Detroit en llamas durante la noche del diablo de 2014.
Hasta 2010 los incendios en Detroit se contaron por cientos cada año.
1984 – 810 incendios
1994 – 354 incendios
2010 – 169 incendios
2011 – 94 incendios
2012 – 93 incendios
2013 – 95 incendios
2014 – 66 incendios
2015 – 55 incendios
2018 – 9 incendios
En Detroit, además, entran en juego los intereses inmobiliarios, porque con la pérdida de habitantes cada año quedan más edificios abandonados.
Detroit en la noche del diablo.
A cualquier promotor que quisiera hacerse con un buen solar a precio de saldo le bastaba con pagar a unos cuantos pirómanos para que le prendieran fuego aprovechando la noche del diablo.
Así el terreno perdía valor y, de paso, se ahorraba lo que cuesta derribar el edificio.
Para plantar cara a la noche del diablo nació una iniciativa vecinal, la noche de los ángeles. Los vecinos se organizaban en patrullas para espantar a los pirómanos y avisar a la policía si veían algo sospechoso.
A la primera convocatoria acudieron unas 40.000 personas que no pensaban quedarse de brazos cruzados mientras ardían sus casas y sus barrios.
Los incendiarios se dieron por enterados y adelantaron su ofensiva al 29 de octubre.
La noche de los ángeles hizo lo mismo. Desde entonces, cada año unas 50.000 personas salían a patrullar las calles del 29 al 31 de octubre.
Detroit, noche del diablo de 2014. Solo las patrullas vecinales han conseguido frenarla y aun así sigue habiendo incendios.
La iniciativa funcionó y los incendios provocados bajaron mucho, como se ve en las cifras de arriba.
Aunque hay otro factor que también influyó, el derribo poco a poco de barrios y edificios abandonados. En las afueras se nota especialmente, es como si los hubieran borrado del mapa.
A las afueras de Detroit hay grandes extensiones donde antes había cientos de casitas unifamiliares que acabaron abandonadas. El ayuntamiento optó por no dejar ni rastro de aquello y lo derribó y allanó todo, como si allí nunca hubiera pasado nada.
The Crow (El cuervo), la película más famosa sobre la noche del diablo
The Crow es una película de 1994 inspirada en el cómic de James O’Barr. Cuenta la historia de una pareja asesinada durante la noche del diablo.
Un año después, un cuervo picotea la lápida del novio, interpretado por Brandon Lee, hijo de Bruce Lee, y su espíritu despierta y vuelve como un ángel vengador para perseguir a quienes los mataron.
La película sacó a la luz los intereses criminales y mafiosos que se esconden detrás de los ataques de las noches del diablo actuales.
Brandon Lee murió durante el rodaje. En una escena, el actor Michael Massee le disparaba con un revólver Smith & Wesson 629 del calibre 44 y se produjo lo que en Hollywood se conoce como “squib load”.
Para una escena anterior habían cargado el revólver con cartuchos sin pólvora pero con la bala puesta, de modo que los proyectiles se vieran en pantalla y el arma resultara más creíble.
Una de esas balas se desprendió del cartucho y se quedó atascada dentro del cañón. Para la escena en la que murió Brandon Lee hicieron justo lo contrario, cargaron el arma con cartuchos de fogueo, con pólvora pero sin bala. Al dispararlo, la bala atascada salió despedida.
El cuervo en llamas en plena noche bien podría convertirse en el emblema de la noche de los ángeles.
Como habían prescindido del armero, que era quien debía revisar el arma antes y después de cada escena, nadie se aseguró de que el cañón del Smith & Wesson estuviera despejado.
Cuando Michael Massee disparó, la detonación del cartucho de fogueo lanzó la bala atascada con tanta fuerza que atravesó el abdomen de Brandon Lee y le causó una herida mortal.
Cuando se supo lo ocurrido, The Crow se convirtió en película de culto y la tragedia alimentó la leyenda de la maldición de los Lee, porque la muerte de Bruce Lee siempre ha estado rodeada de sospechas.









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