20 noviembre 2017

El abandono es la postura más cómoda de la ignorancia

En el paseo del Prado, según se va, hay un monumento al pensador catalán Eugenio d'Ors. Recuerdo su inauguración en los sesenta, con poetas y políticos. Es una obra bella, sobria, moderna, una metáfora en bronce de Teresa La Bien Plantada, con medallón del maestro. Rafael Borrás, claro y críptico prosador en catalán, sabio y viejo editor, ha mirado el monumento con ojos de visitante y me dice que está abandonado, quebrado, en un olvido de ladrillo y hojas.


Es verdad. Nuestro innombrable alcalde (por poco tiempo) no sólo abandona los recuerdos de los antagonistas (estado lamentable del parque Tierno Galván), sino que ignora hasta el nombre y la memoria de un genio «de derechas», como d'Ors, y en la zona más noble de Madrid desoye, desatiende y descree la voz y el monumento del europeísta conservador, del progresista a paso de minué que fue el gran maestro catalán. Estuve, como digo, en aquella inauguración, y luego me hice una foto, para un reportaje, junto a la Teresa/Sirena. Todo ello es como una glosa de d'Ors en oro y ladrillo, donde Octavio de Romeu, ese Goethe menor de las Ramblas, toma el sol madrileño de la muerte y el olvido, que el olvido sólo es una variante atenuada de la gloria. El desastre municipal, la beocia y la deriva de este alcalde de la derechona tiene todo aquello abandonado, como tantas cosas, porque el abandono es la postura más cómoda de la ignorancia.

El monumento está frente al Museo del Prado, sobre el cual escribiera don Eugenio las páginas más esclarecidas, bellas y serenas que se han producido nunca. Pero toda esta relación de fuerzas culturales, antaño vulnerada dulcemente por el vértigo de los tranvías, es un misterio, una ausencia, una nada para el peor alcalde de Madrid desde mucho antes de Carlos III.

Sólo espero que Juanito Barranco, esa herencia esproncediana de Tierno, recupere la alcaldía para pedirle que montemos una operación de limpieza, restauración y homenaje a d'Ors y su monumento. Con Tierno sí hablé mucho del viejo maestro catalán, una de las sombras más encimadas y nobles que han paseado y glosado este Madrid que sentimos y se nos viene abajo entre brokers neurasténicos, policías cínicos como Vera, mantecas que callan y políticos un poco membrillos, más la gloriosa contaminación, el Museo siempre en mudanza y los trulleros de monóculo que ya le están echando el ojo a otro Banco. 

El maestro de Las Oceánidas diseñó con su mirar entornado un Madrid como un Weimar ajardinado, civil, esbelto, conversado, usual y selecto. En sus últimos tiempos se sentaba en la terraza del Gijón, iniciaba un párrafo glorioso, barroco, irónico, sabio, y en seguida se quedaba dormido. Madrid le debe mucho en cuanto a buen gusto, claridad de ideas urbanas y gracia social. Pero estos alcaldes de clase media y estos quinquilleros de la little Manhattan jamás condescienden a la cultura, al pasado que es actualidad, al corazón sensible, fino, minucioso y delgado de una ciudad que tiene cuatrocientos años y un testigo: d'Ors.

Así es la cultura de la derechona y de la izquierdona, la fiebre del viernes/Bolsa, o ese policía que se parece al Lute de cuando entonces. Y para esto hicimos una transición y vivimos entre alcaldes tontos y políticos sangrientos. Te prometo, Rafael, misterioso arcángel mediterráneo, que nuestro d'Ors (y el de Aranguren y Valverde y el pequeño e ilustrado círculo de los dorsianos), se pasará, cuando menos, otras tres horas luminosas y socráticas en su Museo del Prado.

02 octubre 2017

Código promocional Ilunion Hoteles

También se pueden encontrar puestos callejeros o locales con ofertas de comidas más saludables y con más personalidad, eso sí si es comida callejera observad bien las condiciones higiénicas, no vaya a ser que el viaje se os estropee por qué os siente mal la comida. La cerveza es un producto universal que se puede consumir en prácticamente todos los rincones del planeta, es tan variada que seguro que en cada país o ciudad que visitéis podréis escoger entre diferentes marcas. Así que comparar y probar, si el sabor de esta bebida no os gusta, también podéis probar otras opciones de la zona como si verás, vinos o zumos, la cuestión sería sentarse en una cafetería o un bar a disfrutarla.

Si eres de los que no pueden dejar de mirar el móvil, necesitas cargarlo cada día, llevas incluso un ordenador pequeño o una tableta, lo que necesitas es un hotel adaptado a las últimas tendencias, que tenga caja fuerte para portátiles, Internet como Wi-Fi de alta velocidad y si éste es gratuito mejor, y multitud de enchufes donde poder enganchar tus dispositivos. Si eres de los comodones, que no piensas hacer nada, quieres pasar unas vacaciones sin estrés, lo mejor es que escojas un todo incluido que tendrá de maravilla. No tendrás más que ir al restaurante buffet, a la piscina y dejar de llevar por las actividades que el hotel haya programado, si además se encuentra junto a la playa pues mejor. También están los eco hoteles, una opción muy válida si eres ecologista, los hay de campo, muchos tienen huerto y una pequeña granja, también los hay en la ciudad. Pero, si no eres muy campestre y siempre viajas de ciudad en ciudad, un hotel urbano en el centro de la misma es lo que más te va. Suelen estar bien situados y disponer de servicios a la última, comprueba en un mapa si ésta cerca de los principales puntos de interés turístico que vas a visitar.

Muchos hoteles atesoran una larga historia que se puede respirar en las paredes de sus habitaciones, escoge un hotel histórico, dentro de un edificio lleno de secretos, revive su pasado y pregunta en recepción sobre la historia del hotel. Viajando también puedes ir a practicar ciclismo en verano y esquí en invierno, para ello necesitas un hotel adaptado a deportistas, que además de tener una buena situación, disponga de instalaciones donde poder guardar tu equipo deportivo además de un gimnasio. Busques lo que busques en los hoteles Ilunion podrás encontrar opciones para todos los gustos.


La gastronomía es uno de los pilares fundamentales de los viajes, ya que a través de la textura de los platos y de sus sabores se puede conocer mejor el destino visitado. A la sombra del turismo de masas han crecido como setas muchos restaurantes que ofrecen comida típica a alto precio y baja calidad, para comer o cenar lo mejor es alejarse de los lugares más típicos turísticos que huelen a comida congelada y prefabricada a kilómetros, recorrer las calles menos principales y un poco más alejadas en busca de algún restaurante más auténtico. El mejor sitio para comer es aquel al que va los propios vecinos del lugar, así que si pasa es por delante de un local y escucha es el acento de la zona o el idioma del país, hay seguro que se come bien o por lo menos la relación calidad precio es la más adecuada. Si se puede lo mejor es reservar para evitar quedarse con las ganas de degustar ese plato que se ha visto en la red social del restaurante.

Es muy raro que los destinos no tengan un postre especial, acercarlos a las pastelerías del lugar y preguntar por ellos, es más probable que os sorprendan con varios postes que desconocía seis y cuyos ingredientes y cuyo nombre os llamarán la atención, además resulta ser un buen regalo para aquellos que no os han podido acompañar en el viaje. Si el viaje se realiza por España no hay que dejar de tapear; así se puede probar una gran variedad de productos de forma amena y siempre acompañada de una buena bebida. Es casi obligatorio ir de etapas en algunas ciudades como puede ser Granada.

La personalidad de cada uno es la clave a la hora de seleccionar un tipo de alojamiento para tu viaje, una persona que esté acostumbrada a los grandes flujos no es muy aconsejable que decida pasar la noche en un establecimiento que no se articule a estas exigencias, así como un huésped que sea amante de la tranquilidad no es deseable que duerma en la plaza más transitada de la ciudad; por eso a la hora de coger un alojamiento para tu viaje con un código promocional Ilunion hoteles no saldrás decepcionado.


Si eres autosuficiente y te molesta todo tipo de control, lo mejor es un apartamento, no tendrás que depender de las horas de limpieza ni del horario de desayuno. Podrás salir y levantar que a la hora que quieras sin tener que dejar la llave en recepción. Podrás además cocinar y lavarte tu propia ropa en el momento que desees, son unas vacaciones llenas de libertad. Para los amantes del lujo que estén acostumbrados a lo exclusivo, lo mejor es un hotel de cuatro superior o uno de cinco estrellas, en ellos encontrarás todos los detalles para hacer de tu estancia un recuerdo inolvidable, con servicio de habitación las 24 horas; si no te importa gastar dinero, vivirás unos días llenos de buenos momentos.

Si eres de los que apenas pone un pie en el hotel, no es preciso que elijas el mejor hotel de la lista, sino que lo mejor es que quede cantes por uno que esté bien ubicado y que pueda cubrir tus necesidades, para eso encontrarás canciones muy acordes a lo que buscas, una cama y un baño. Para un mochilero lo mejor es un albergue, los hay incluso de lujo, algunos comparten habitación, otros tienen baño individual y casi todos tienen cocina compartida, se trata de una manera muy cómoda de viajar; escogiendo este tipo de alojamiento podrás estar más días en tu destino o poder visitar más lugares.

30 septiembre 2017

Como montar una banda sin padrinos

Suena Nancy Sinatra. En la barra, cinco platos de pollo con patatas, champiñones y alioli. Thaïs, pelo corto, sombrero, ojos negros, dice que a menudo se pregunta si a la gente las cosas «les gustan porque les tienen que gustar o porque les gustan realmente». Es su lema, una especie de mantra que repite a cada rato, mientras devora su cuarto de pollo. Thaïs es La Quiero Viva, pero también lo son Nat, sentada a su lado («los champiñones están riquísimos», dice); Paula (la teclista, que cree que «en realidad todos somos súper diferentes») y Ander, que asegura vestir de negro porque le gusta. Están esperando a Héctor Bellino, que dejó Muchachito Bombo Infierno «porque era una fábrica, no una banda».

Lo suyo, dice Thaïs, es un «profundo 'dirty roll'», rock sórdido, garage, y nace con la intención de escupir un mensaje, una moraleja, la vida es corta y lo más importante, sí, «es hacer lo que te gusta porque te gusta».


Con una maqueta y dos hits radiables hasta la extenuación («hemos conocido a pinchadiscos que no dejan de poner Quiero ser una chica rockabilly pero que no sabían que era nuestra, la pillaron por internet, en algún sitio y les encantó pero no tenían ni idea de dónde había salido», cuenta Nat), La Quiero Viva han tocado ya en todas las pequeñas salas de Barcelona y lo siguen haciendo dos o tres veces al mes. «En cierto sentido hemos tocado techo», asegura Paula, la teclista. Necesitan un disco para salir del círculo vicioso. «Lo bueno es que no hemos tenido que pagar para tocar», dice Thaïs, que tampoco cree que la banda deba pagarse el disco. «Ese no es nuestro trabajo», suelta. Sigue comiendo pollo. Suena Lady Gaga.

«Queremos que se hable de nosotros, aunque sea mal», dice Nat, que, por cierto, milita también en Los Seis Días. También dice que, en ese sentido, han tenido mala suerte. «Hemos tocado en festivales y al día siguiente se nos ha ignorado en la prensa, es como si nos persiguiera la mala suerte», añade. Están en el Pollo Rico, pequeño fast food a l'ast de la calle Sant Pau de Barcelona. Un habitual de la banda. Suena, por cierto, Andrés Calamaro. Hay una infinidad de quintos sobre la barra. Thaïs dice que le gustan Sonic Youth y Pixies y Yo La Tengo. Lee a Burroughs, a Ginsberg y a Rimbaud. «Todo lo que esté al límite me gusta, nuestra música está hecha para esa gente, para todos aquellos que, como yo, han estado a punto de cruzar la línea», dice la cantante, autora también de las letras, cabreada por cierto porque Boom Boom Bunny, el tema que tiene más de 18.000 escuchas en su myspace, no ha sido entendido como debería. «La canción habla de una chica que está contándole a su madre que está pillando pasta para entrar en el Apolo y lo que dice es 'soy una conejita, mamá', pero todo el mundo ha entendido 'soy una conejita mala' y no es eso», dicen. Sea lo que fuere, la chica «está destrozada, pero se salvará».
Ése es el mensaje de Euforia juvenil, el disco. «Sigo viva, pese a todo lo que me ha pasado», dice Thaïs, que luego sube al escenario y se transforma, en plan Janis Joplin, en plan Sid Vicious. «No sé lo que me pasa, soy yo pero no soy yo. Soy yo, tratando de conectar», asegura. A su lado, Nat dice que La Quiero Viva es una banda de directo. «Nos conocen por los bolos», dice Paula.

Suena Michael Jackson y las chicas se pasan la pimienta. Hablan de un disco de Caribou llamado The milk of human kindness, psicodelia pop de última generación, que les encanta. Luego hablan de Quiero ser una chica rockabilly. «La escribí cuando trabajaba de camarera, para la gente moderna, que quieren comerse el mundo y van de súper vintage y todo ese rollo, y luego se quedan en nada, les digo a todos que yo soy humana y con eso me quedo, que nunca voy a ser reina y que me quedé en camarera de café». La que habla es Thaïs. El plato de champiñones está vacío. Quiero ser una chica rockabilly (que puede escucharse y verse, porque tiene versión de directo en vídeo en su myspace) podría estar en una película de Tarantino. ¿Por qué no? «Nos gusta lo que es auténticamente independiente y cuando se entra en depende de qué círculos ya se deja de ser independiente», dicen. Lo suyo es «muy sucio» pero a la vez «muy pop». «Todas nuestras canciones tienen corazón pop, no podemos evitarlo», dice Thaïs. La próxima oportunidad para descubrir si sus directos son tan demoledores como aseguran («realmente Thaïs se transforma, es otra, no sé cómo lo hace, conecta con el público de una forma brutal», dice Nat) tendrá lugar en un par de semanas, el 10 de abril, en el Big Bang. «Hablando de mala suerte, es el día del Madrid-Barça», dice Ander. Héctor -que, por cierto, se dedica a dar paseos a turistas en su velero (entre otras muchas cosas)-, está encantado. «Prefiero ser cabeza de ratón que cola de león», dice. Del pollo, en la barra, por cierto, sólo quedan los huesos.

El nombre de la banda, La Quiero Viva, remite, en opinión de Thaïs, «a las pelis del oeste». «Es en plan, la quiero viva, no me importa lo que hagan con ella después», dice. La frase se le apareció en un sueño. Y viene de todo lo que le pasó a su padre. Como el mismo hecho de montar la banda. «Sentí que mi padre se quedó sin hacer lo que realmente quería hacer y yo tenía que hacerlo», cuenta Thaïs. Su padre, Jaume Cabreny, «tuvo una banda, iba por ahí escuchando a la Velvet y The Clash cuando todos los demás escuchaban a Los Manolos, pero luego encontró un buen trabajo y lo dejó todo y acabó súper deprimido. Un día no pudo más y se tiró por el balcón. «Detrás de mis canciones hay mucha historia», dice Thaïs, que confiesa que en realidad La Quiero Viva es «me quiero viva, a mí misma». Tocar fondo y volver a la superficie. Eso es lo que hizo Thaïs. La banda le sirvió de anclaje con la realidad. «Soy una de esas personas que vive al límite y lo que escribo y lo que canto está hecho para conectar con esas personas, enviarles el mensaje de que está bien jugar con los límites pero nunca hay que pasarse», dice. Otra cosa que Thaïs ha aprendido a controlar gracias a la banda es su ego. «No es fácil dejar que los demás hagan cosas por ti cuando estás acostumbrada a hacerlo todo tú, tener una banda es una especie de cura de humildad también, descubres que no tienes por qué controlarlo todo», añade.

Además de cantar, Thaïs dibuja. De hecho, la portada del disco la ha dibujado ella. Están todos, estallando, por la euforia juvenil. A todo esto, ¿cuántos años tienen? Pues todos rondan los 30, algunos por arriba, otros por abajo. Y no es que tengan gustos parecidos, es que les gusta lo que hacen. Son conscientes de que «moverte en este mundillo sin padrinos es muy difícil», como dice Paula, pero piensan armarse de paciencia y seguir haciendo lo que mejor saben hacer: tocar. Pero, ¿cuándo empezó La Quiero Viva? «Empezamos en enero de 2017», dice Ander. «Al principio era un proyecto folk súper intimista», dice Thaïs, que había escrito algunas letras y le pidió a un amigo que les pusiera música. «Empezamos con una guitarra chunguísima, en casa», cuenta. La cosa empezó a cambiar cuando Thaïs conoció a Ander. «Al final todos han ido aportando su granito de arena al sonido de La Quiero Viva y ahora ya no se parece en nada a lo que empezó siendo, pero mola mucho», dice Thaïs, que cuando vio tocar a Ander por primera vez «alucinó». «Es un cañón tocando la guitarra, como Héctor con la batería». Todos están de acuerdo en que Héctor es el más preparado de los cinco. «Después de todo es el que ha estado girando por toda Europa y sabe más de esto y nos lleva a todos por el buen camino», dice Ander.

Sus gustos son muy diversos. Todos coinciden en el rock, pero a Paula, encargada del teclado y el chelo, le gusta la música clásica. «Yo vengo del conservatorio y me gusta de todo», dice. Todo lo que huela mínimamente a noventas les gusta. Incluido el look, aunque Thaïs prefiera explotar su lado andrógino, en plan glam. «Me gusta hacerlo, soy lesbiana y me gusta jugar con la ambigüedad en todos los sentidos. Eso sí, todas nuestras letras hablan de chicas, aunque la gente parece no darse cuenta, y vamos muy de frente en ese sentido», asegura Thaïs. Punk attitude que no falte.

En cualquier caso son conscientes de que nadie va a librarles «de picar piedra», como dice Nat, que hace poco ha dejado su trabajo para dedicarse por completo a la música. Nat es también la bajista de Los Seis Días, otra banda barcelonesa de chicas que fichó el año pasado por Pupilo Records y que previamente había grabado su disco, Lunes, en los estudios Blind, con la producción de Ricky Falkner (habitual de Sidonie, Love of Lesbian y Standstill). Banda que está empezando a despegar, después de tres o cuatro años «teniendo que pagar por tocar». Algo que Nat y el resto de la banda no pueden entender es por qué se apuesta tan poco por las bandas que empiezan. «No es normal que cuando estás empezando te hagan pagar por tocar, que tengas que alquilar tú la sala y cruzar los dedos para llenarla y poder recuperar lo que inviertes», dicen Paula y Ander. Los caminos del rock son tortuosos.

28 septiembre 2017

Ropa interior con el logo de Metallica

¿Puede la ropa interior con el logo de Metallica salvar el negocio de la música? En las tiendas, al menos, es la última carta; intento final por salvar un mercado que aunque puede que no se destruya del todo, sí necesita una reconversión. Valencia no es ajena al fenómeno y los comercios y grupos juegan con el merchandising, la mercadotecnia, para cubrir el hueco dejado por los CD's.

En la ciudad, dos centros comerciales son los que venden el 70% de toda la música. Y en ambos casos hay una reestructuración evidente. El departamento de discos de la Fnac ha reubicado su espacio para discos compactos. Afirman que es una cuestión formal, que el espacio físico no se ha reducido. Pero la idea es, sobre todo, cambiar el rumbo: «Los discos infantiles han pasado a una sección propia que comparte espacio con libros y algunos juguetes». Es sólo un ejemplo, porque ahora hay mucho más espacio para juguetes o chapas, un tipo de producto que antes apenas era testimonial. Camisetas de los Ramones o tazas con el Yellow Submarine.


Según apuntan, ahora se venden muchos más elementos relacionados con la música (camisetas, muñecos, tazas...) porque el hábito de compra ha cambiado, «el merchandising es un complemento, se venden muchos CD's acompañados de una camiseta, por ejemplo». La cadena francesa, de hecho, apuesta desde hace meses por una nueva definición. La palabra 'discos ' ha desaparecido, dejando paso al general 'música'.

Los datos de ventas globales de música en la Comunidad Valenciana son, sorprendentemente, mejores que en el resto de España. Si en el resto de autonomías, según Promusicae, se ha registrado un descenso del 30% respecto al año pasado, aquí las cifras se han estancado. Y en datos de descarga digital también hay buenas noticias: el 8% de aumento medio en nuestro país supera el 11% en la Comunidad.

En El Corte Inglés, el otro gigante, aportan un dato que refuerza este cambio de rumbo: Se venden muchos más 'cofres', las ediciones especiales de los trabajos discográficos, que discos al uso. «Suelen reforzar el compacto con un DVD o algún objeto complementario, una camiseta, un libro, pequeños regalos...». De hecho, este espacio comercial fue uno de los pioneros en la ciudad «en incorporar un espacio para camisetas de grupos junto a la sección de discos», una práctica ya común hasta en las pequeñas tiendas.
De hecho, tiendas especializadas o de vinilos, como Harmony, Amsterdam o Oldies, también tienen merchandising entre su oferta. A veces es sólo la camiseta, pero en la mayoría de los casos hay incluso complementos genéricos que se presuponen comprar habitual del amante de la música. Si a un adolescente le gusta la música EMO, puede que quiera comprar una muñequera con tachuelas en la misma tienda.

Y el vinilo, claro, se mantiene al alza. Las cuentas de 2017 se cerraron con mejores números que el ejercicio anterior, según Vicente Faubel, propietario de Discos Oldies. «Tener un vinilo sigue siendo una experiencia que no se puede copiar y, como objeto, es mucho más interesante que un CD, más bonito, con valor añadido», afirma. Es, casi, el último eslabón del proceso de mercadotecnia. Tal y como reconoce el músico Luis Alberto Segura (que estuvo hace unos días en Valencia con su proyecto L.A.), «el disco se puede convertir en el merchandising definitivo; la gente tendrá el disco en formato digital, irá a ver al músico en concierto y, si le gusta mucho, comprará la camiseta... o el CD».
Los artistas lo saben, no hay más que ver la estrategia global: Lady Gaga, estrella y nuevo modelo de negocio, ha creado su propia compañía, Mermaid Music LLC, que comparte con la discográfica los ingresos que logra por vender discos, por las giras... y por la venta de artículos de merchandising.

26 septiembre 2017

Candela Peña es una choni

«Caritina dio a luz y yo sigo sin darle un golpe de celular» / «Quería que fuera al estreno de 'La isla interior', cuando yo lo que quiero es una exterior y mediterránea como la de Norma Duval» / «... Por eso admiro a Palomita Segrelles. La habitación que ha hecho para sus bebés, ni el vasco con mechas de T5» / «Entre las malas de corazón, nos identificamos como iguales».

Hay tipas que no tienen corazón. Yo, mismamente. Que fíjate desde que Caritina dio a luz, y yo sigo sin darle un golpe de celular porque o bien paso todo el día eligiendo rímel transparente de textura densa pero extendible, o bien mi madre se va con el Imserso y yo como ciruelas Borges con fibra para celebrarlo, o bien pierdo el oremus en Zara Complements para ponérmelo todo en el moño cual Lady Gagá.


Y claro, me llega el viernes un catálogo de viajes hiperexclusivo de Nuba, de esos en los que sólo falta la lata de berberechos para parecer una cesta de navidad o un negro abanicándote con marabúes mientras te pone mirando a Cuenca (para que veas la puesta de sol), para sentirte la Reina de Saba, y a ver ahora cómo le digo yo a Cari Lapique, involucradísima en ese proyecto, que me invite. Imposible.

Mi maldad es mala hasta con su poseedora, o séase, moi, que no veas lo que me gusta ser poseída... Total que, entre las malas de corazón, nos identificamos como iguales. Por eso, fue ver a la tiparraca ésa que dice que es novia de Eduardo, el hombre con el que nuestra diosa en los altares del fox trot, Carmen Lomana, comparte plato de postre, y fue exhalar en voz alta cual Ciudadana Kane: «Chooooni», porque lo de Rosebud no tenía sentido... Desde entonces, me meso los cabellos esperando a que nuestra deidad de reflejos dorados pontifique sobre el amor en la high class y el chonismo de base para toda España. Y por escrito, que sus palabras no se las lleve el viento. Estoy segura de que lo hará. Lo sé. Tengo clarividencia. No se lo quise decir el otro día a Carla Antonelli, pero Carla, nena, soy yo.

Os explico para que no os sintáis desplazadas. Resulta que estábamos ambas escuchando cómo Lucía Etxebarría es una terrorista de los planes didácticos en la presentación de su último libro junto a Bibiana Aído a la que, ¡Oh Dios!, que alguien le insufle dos cápsulas de micebrina, cuando me pregunta: «Oye, tú conoces a la que hace los horóscopos del Magazine?». Con mi tintorro entre mis manitas, la escuché atenta, porque aquello iba a ser toda una confesión entre dos mujeres adultas. Confiesa que es leerlo y quedarse privada de lo que aciertan los astros con ella. Que no se puede comprar otro periódico. Que los domingos, sin el suplemento, se siente como desnortada.

¡Qué fuerte! No, no soy yo. Que a mí me gusta suplantar una identidad más que a Candela Peña un sushi de atún. «Hija, que te vengas. Vente, que te va a gustar, mariiiiica», que ella es muy de jugar con los géneros como Chiqui la de Gran Hermano, hija catódica de Maria Antonia Iglesias. Quería que fuera al estreno de La isla interior, cuando yo lo que quiero es una exterior y mediterránea como la de Norma Duval. La Alberta (Alberto San Juan) no enseña, pero está estupendo. Como sabe que a mí me tira lo que me tira... «Que no y que no. Regálame un zapato». Ahí zanjamos la conversación. ¡Ay! Lo que me gusta a mí el don de las manualidades y el betún de Judea... Por eso admiro a Palomita Segrelles. La habitación que ha hecho para sus bebés, ni el vasco con mechas de T5.

24 septiembre 2017

Spotify el DJ a la carta

Alicia Roselló versus Jessica Boston, armadas con sus iPods. De árbitro, el venezolano Enrique Doza, con un aplaudímetro de cartón y unos Ferrero Rocher para la ganadora, es decir, la que haga bailar más al público y le sorprenda con canciones imposibles, como un bootleg de Orinoco flow de Enya y Smack my bitch up de The Prodigy (es el golpe de gracia que siempre le pega Roselló a Boston). Ése es el planteamiento de las Batallas de iPods que hacían regularmente en el Bar Gusto del barrio de Gràcia hasta que el local cambió de nombre y de rumbo, así que ahora buscan nuevo campo de batalla. Huyen de la denominación DJ porque «siempre ha estado muy sobrevalorada», comenta Roselló, y de hecho, quieren desentronizar la imagen del pinchadiscos y llevarla «a un nivel más terrenal», porque cualquiera con un reproductor de mp3 e interés musical puede hacer bailar a la gente más que un profesional, dice el árbitro. «¡A democratizar los platos!», espetan enarbolando sus iPods.


Para ellos, con el formato mp3 todo son ventajas con respecto a los CDs, los minidisc, las cassettes y los vinilos: no pesa, no ocupa sitio y tienen todo el repertorio a un click. «Es práctico. La gente te pide canciones y miras al momento si las tienes. Si tuviésemos que hacerlo con discos, madre mía...», reconoce Roselló. Boston creyó que el minidisc iba a ser el futuro y duró «un año». En una vitrina para las cosas bonitas guardan uno de Michael Jackson que encontró un amigo suyo tirado en un almacén de El Corte Inglés. Pero ahí acaba su relación con este formato de gloria efímera, barrido por los mp3.

Con la irrupción del programa Spotify, que permite escuchar música por streaming, le han dado otra vuelta de tuerca a las fiestas: en las Spotify Battles, que organizan con dos ordenadores en el local Miscelània de Barcelona una vez al mes, gana el que tenga más aplausos y le hayan saltado menos anuncios. El vencedor elige a su próximo contrincante, y así hasta el infinito. «Spotify da pie a improvisar todavía más. Es el DJ a la carta», comenta Roselló. Para algunos no es una batalla porque no se tiene que preparar tanto el setlist. Para otros sí lo es, sólo que tienen más armas. Sea con iPod o con Spotify, los DJs siempre ponen una canción cada uno y la intención es la misma: «pasarlo genial, es lo que nos interesa. Sólo tenemos dos días de fiesta a la semana y queremos bailar», explica Boston, que se desmanga en coreografías con Roselló cada vez que pinchan.

«Los profesionales hacen mezclas. Nosotras ponemos la canción y salimos pitando a bailar con la gente, y luego tenemos que volver corriendo para poner la siguiente, pero no importa», dice la inglesa. Las amigas de las luchadoras incluso se lesionan bailando con su selección musical: una hizo un salto digno de la película Flashdance, según Roselló, con una canción de Baxendale y se rompió un pie. What a feeling... Así que el taxi de vuelta a casa hizo parada en el servicio de urgencias del Hospital Clínic, y se lo escayolaron durante un mes.

Hasta el momento han hecho ocho batallas de iPods entre ellas y con otras parejas, pero siempre temáticas: en una, la premisa era poner sólo música de los años 90, y en el flyer de convocatoria -que siempre diseña Boston- salía Cobi escuchando música en un iPod. En otra se enfrentaron al dúo Comte d'Urgell y se llamó Druidas versus Sirenas, por sus disfraces. «En aquella había máquina de humo y todo», recuerda Roselló. Aunque se enfrentan para ganar, «llega un momento en el que la gente se lo pasa tan bien que no importa quien venza», comenta Doza, quien asegura que el gusto musical de los de Barcelona «suele ser... muy elaborado», dice precavido. «No se atreven a poner según qué», sigue Roselló, y al final él se lanza: «no son capaces de decir: vamos a pasarlo bien, vamos a poner cualquier cosa de lo que escuchamos en casa». Roselló y Boston empiezan comedidas, con música indie pero formal, y acaban desfasando con Backstreet Boys, Lady Gaga, Vengaboys o ABBA. «La gente flipa y está emocionadísima. Una vez, cuando todo el mundo iba super chuzo, puse la canción de Punky Brewster», dice, orgullosa, Roselló. Encontrar según qué rarezas requiere horas y horas de búsqueda por YouTube, de donde bajan la mayoría de la música que utilizan para sus sesiones -«Sgae, es mentira», piden que pongamos, por si acaso-.

22 septiembre 2017

El avión más grande del mundo

Ni Fernando Alonso ni Lady Gaga tienen pensado hacer gala de sus habilidades en Vitoria, pero los avatares del destino, más concretamente los de un impronunciable volcán islandés, han empujado a que su material de trabajo haya hecho escala en Foronda antes de llegar a su destino. El aeropuerto vitoriano, ante el colapso generado por la nube de cenizas que abovedó Europa durante seis días, se ha convertido en «puerta de acceso al continente» y culminó ayer su semana fantástica con la llegada del avión más grande del mundo.

De nombre Antonov y de apellido 225, posó sus 84 metros de largo y sus 88 de envergadura en el aeródromo vitoriano. Fue, quizás, el último ejemplo de la grandilocuencia soviética. La nave, apodada Mriya y creada para transportar los transboradores espaciales donde viajaban las últimas esperanzas de la URSS, despegó por primera vez desde la actual Ucrania en 1988.


Y ayer pisó suelo vasco cargado de 120 toneladas de material electrónico procedente de China, previa parada en Bielorrusia y Kazajistán. El avión en cuestión, que tiene 20 metros de altura, puede albergar hasta 250 toneladas de carga. Hoy abandonará Foronda rumbo a Leipzig (Alemania).

Los responsables del aeródromo se felicitaron por la llegada del aparato, aunque reconocieron que supuso un desafío logístico «de gran complejidad». En él hubieron de intervenir EAT, la empresa responsable del control de rampa, Decoexsa, la firma que gestiona el tráfico de mercancías, y VIAS, que supervisa las operaciones de Foronda.

Pero Antonov no ha sido el único visitante ilustre que ha recibido Vitoria en la última semana. En total, Aena cifra en 24 los aterrizajes y despegues que habitualmente no utilizan la pista de aterrizaje alavesa. Un jumbo, por ejemplo, trajo hasta Vitoria varios coches de Fórmula 1 una vez terminado el Gran Premio de China, que se celebró el pasado 18 de abril y en el que el piloto británico Jenson Button se llevó la victoria a bordo de un McLaren.
También tomó tierra en Vitoria una vuelo procedente de Dubai en el que viajaba todo el material audiovisual empleado por la polémica Lady Gaga en su gira mundial, que se reanudará la semana que viene en Suecia.

Las consecuencias del volcán Eyjafjalla han añadido a la reducida y poco exótica lista de destinos de Foronda nombres como Nairobi, Addis Abeba, Amsterdam, Nueva York, Hong Kong o Bahrein. «La elección por parte de las diferentes compañías del recinto alavés se debe a la flexibilidad y alta capacidad de respuesta de las instalaciones», explicaron ayer los responsables de la terminal.

El crucero Queen Victoria, con 295 metros de eslora y capacidad para cerca de 2.000 pasajeros, llegará hoy a la terminal de cruceros que el Puerto de Bilbao tiene en Getxo. El buque, propiedad de la naviera Cunard, inició su itinerario en el puerto británico de Southampton y llegará a Bilbao a las 7.30 horas de la mañana procedente de Lisboa. A las 16.30 horas partirá nuevamente con destino al puerto francés de Brest.

El Queen Victoria es el quinto crucero que recibe este año el puerto bilbaino, donde este año está prevista la llegada de una treintena de cruceros. El buque era el único crucero emblemático de la naviera Cunard que aún no había visitado Euskadi. En anteriores ocasiones atracaron el Queen Elizabeth 2, reconvertido ya en un hotel de lujo flotante en Dubai, y el Queen Mary 2. El Queen Victoria cuenta con doce cubiertas y 1.000 camarotes, de los cuales 865 son exteriores, informa Vasco Press.

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