La prensa y la vida privada de los famosos

Santaella recuerda la doctrina del Tribunal Constitucional: cuando el derecho al honor y el de la información chocan, en iguales condiciones debe prevalecer el último de ellos, estudiando siempre el caso concreto. Pero exige, para eso, tres condiciones: que los hechos contados sean ciertos, que la información tenga auténtico interés social y no sólo la morbosidad de afectar a un personaje público y que el periodista cumpla con el deber deontológico de contrastar sus datos con el personaje. 

En el caso del supuesto- romance entre Botín y Carmen Maura, desmentido por la propia actriz al declarar al semanario Tribuna que no conoce al banquero, Santaella explica que son hechos falsos, que afectan al honor de su cliente y que se publicaron sin contrastarlos con Botín. «Por eso pedimos una condena ejemplar. En el derecho anglosajón es normal hablar de estas cantidades, cuando se trata de libelos como éste y cuando afectan a personas de esta relevancia.». 

Considera positiva la ley 1182, sobre el derecho al honor, la intimidad personal y familiar y la propia imagen, promulgada cuando él era secretario general técnico del Ministerio de Justicia. La abogada Cristina Peña, en cambio, critica con dureza esa ley y defiende a capa y espada que los periodistas investiguen e informen, con la sola condición de que contrasten sus datos. Esta letrada, especialista en defender a periodistas demandados, antes en el Grupo Z y ahora en Tribuna, ha ganado muchos pleitos a «famosos» que llevaron a la prensa ante los tribunales. Gunilla von Bismarck, Merry Martínez Bordiu, el fallecido Alfonso de Borbón y otros personajes de la «jet» perdieron sus demandas, en algún caso pendiente aún el recurso, ante una Cristina Peña implacable en sus informes contra quienes «venden su propia intimidad y luego presentan demandas porque se publican noticias sobre su vida». 

El presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), José María Cuevas, y el juez de la Audiencia Nacional Ricardo Varón Cobos, del llamado «caso Bardellino», también perdieron sus demandas ante ella. Se irrita Cristina al recordar que hay personajes de la «jet» que invocan esa ley «cuando muchas veces son ellos mismos los que han vendido su vida en fascículos o en entrevistas. Esto es comerciar con el honor». «Comienzan ahora a aflorar situaciones de banqueros y gentes financieras», dice, «porque son personajes conocidos. Pero no asumen que al ser gentes públicas la prensa tiene que informar de ellos. Por eso considero absurdo pedir 500 millones, porque hay valores morales que no se pueden cuantificar económicamente. ¿Es que si hay una indemnización por medio la gente ya no tiene honor y se conforma? La reparación del daño debe ir por otros derroteros, por rectificar lo que sea falso».

Julián Lago, director de Tribuna, tampoco se libra de estas demandas. La más sonada, de entre las últimas, es la que le llevó el lunes pasado a declarar ante un juez, a él y a otros periodistas, interpuesta por Alberto Cortina, Alberto Alcocer, José Luis Alcocer y Miguel Boyer. «No se mancilla la imagen», dice, «cuando los periodistas no hacemos más que colocar ante los personajes públicos el espejo de su propia realidad». Cree que el poder financiero pone cerco a la prensa, como si los grandes financieros hubieran descubierto en la prensa un blindaje a sus intereses, o un instrumento para sus negocios.

Joe Cocker no pasa de moda

Veinticinco años después de la legendaria versión de With a Little Help From My Friends, Joe Cocker volverá a cantar en Woodstock el próximo mes de agosto.

Allí celebrará sus bodas de plata con la gloria: en aquel lejanísimo día caliente y lluvioso se la encontró de improviso, ante quinientas mil personas, en la reunión del siglo, que ahora algunos empresarios están a punto de recrear.

Nos lo ha anunciado él mismo, en un hotel de Amsterdam, riendo por las muchas Woodstocks que se proyectan, en competencia, para el 25 de agosto: «¿Ha oído hablar de la Woodstock vegetariana? No consigo imaginar qué diablos puede ser», dice. Ahora tiene el pelo cortísimo. Vestido totalmente de negro, parece un señorito y no un desharrapado, como estábamos acostumbrados a recordarlo. Una barriga majestuosa es la señal más evidente del último paso adelante por el camino de la vida regular: «Hace un año que dejé de fumar. ¿Dejar de beber? Bueno, calma, las cosas de una en una, y además no es que me tenga que hacer fraile».

El rostro liso, el habla clara y los ojos brillantes de este joven que ha cumplido cincuenta años hace diez días, denuncian un estilo de vida fuera de sospecha. La enciclopedia rock Rolling Stone recordaba sin cumplidos: «Sus excesos con las drogas y la bebida le han ganado la reputación de vomitar frecuentemente en el escenario; cada «tournée» parece un retorno inesperado». Sin embargo, ahora Joe lleva una vida muy comprometida: con su mujer, Pamela, está acabando de construir un rancho con 40 caballos en las montañas del Colorado.

«¿Que por qué vuelvo a Woodstock? Yo no quería, pero ha insistido mucho mi viejo manager, Michael Lang. He comprendido que se ha asociado con otros 5 empresarios porque ahora no es como entonces, aquí hay un negocio colosal. Estarán los Pearl Jam, Guns N' Roses, y, de los antiguos, yo, Crosby, Stills, Nash y Young, Carlos Santana...»

A Cocker no le cuesta mucho esfuerzo situarse en la época del primer Woodstock. «El otro día hacíamos un vídeo en Nueva York, y alguien me dijo: "Qué extraño, haces un vídeo y vuelve a salir la película de Woodstock en digital". Fui a una sala para verme cuando bajaba en helicóptero sobre la muchedumbre. ¿Cómo era? Ya me había roto la nariz dos veces. Me emborrachaba. Pero era un muchachito lleno de energía, y esas energías ya no las encuentro allí».

Antes, Joe Cocker ya había estado dos veces de «tournée» con su Grease Band. «Al final de la segunda vuelta nos enteramos de que había algo verdaderamente grande, y estuvimos atentos hasta que nos contrataron. Woodstock fue como un gigantesco «clip» que hacía propaganda del movimiento hippie. Se pensaba que aquella oleada de paz, amor y música no acabaría jamás. Sin embargo, desde entonces fue como si todo se derrumbara».

Antes de ir no tenía, la verdad, una idea precisa de lo que sería el concierto. «Me habían dicho que como máximo habría 100.000 personas, que ya eran muchísimas. Pero cuando llegué en helicóptero sobre aquel océano de cabezas, me sentí mal. Me fui derecho hasta el escenario, muerto de miedo. Tenían un hueco y éramos los únicos preparados para tocar».

Y recuerda que al principio el «feeling» brillaba por su ausencia. «En las primeras horas de la tarde, llovía, y cada uno de los 500.000 estaba haciendo sus cosas. Algunos comían bocadillos, otros fumaban hierba, y otros tomaban cualquier otra cosa. Para atraer la atención hablé un poco. Nada. Entonces pensé que había que comenzar. Tocamos Let»s Go Get Stoned, de Ray Charles, mi maestro: por fin comenzaron a mirarnos».

Y sigue hablando de cómo han cambiado las cosas, de las diferencias entre los jóvenes de hace veinticinco años y los de ahora. «Pienso en Kurt Cobain de Nirvana, que se ha matado. Esta es la diferencia: yo todavía estoy aquí, y me pregunto por qué; cuando perdía la cabeza nadie venía a decirme: "Hey Joe, atención que te estás matando". A esa edad la tienes tomada con el mundo, y si ves a alguien que está sobrepasándose, eso es cosa suya. Me ha disgustado que nadie le haya ayudado. El dijo que ya no conseguía sentir pasión».

«Yo encontré esa pasión, pero la había perdido durante mucho tiempo; me ha costado reencontrarme conmigo mismo. He vivido con gran confusión mental, el escenario era una pesadilla. Hoy, los muchachos tienen más distracciones, creo, pero todos tienen esa manía del modo de vestir. Cuando yo era joven, nos vestíamos como se presentaba. Nuestra generación vivía más las propias emociones».

Después de Woodstock II, Joe Cocker comenzará desde Sudáfrica una gira de un año completo con un nuevo disco que estará en la calle en septiembre. Have a Little Faith es un trabajo lleno de «hit» potenciales, entre soul, blues y pop cantados con la mítica expresividad de una voz de papel de lija, endulzada ahora gracias a una vida sana. Hay preparado un documental sobre su vida y finalmente, en noviembre, la Universidad de Sheffield, su ciudad, que lo vio como empleado de gasolinera, le conferirá el doctorado «honoris causa».

Con más lentejuelas que ideas


Desde que los chicos de la Disney han desembarcado en la deteriorada calle 42 y se han traído los más asombrosos efectos especiales, Broadway se reafirma en lo que para algunos expertos es su futuro inmediato: convertirse en un enorme Parque de Atracciones. Con La bella y la bestia se cierra el círculo sagrado del mejor espectáculo para toda la familia y para todas las culturas.

El precio de las entradas de un teatro del centro es prohibitivo para muchos y los espectadores que esperan los productores vienen del turismo y de los que se regalan una vez al año una de las localidades como premio especial. Este tipo de público no quiere encontrarse con espectáculos demasiado innovadores, buscan asombrarse con decorados espectaculares, estrellas del cine o la televisión y más lentejuelas que ideas.

Los mas jóvenes llenan Grease, protagonizado por ídolos juveniles de la tele. Para los padres de esa generación Tommy fue una película revolucionaria con la música de Los Who, ahora es un espectáculo magnífico, y para los abuelos hay una obra que se repone para celebrar su 30 aniversario, She Loves me, basada en La Perfumería de Miklos Laszlo. El anuncio de Cats parece formar parte de la fisonomía de la ciudad y se suma a los enormes ingresos del compositor Andrew Lloyd Webber con El fantasma de la ópera -no hay entradas- y la venta anticipada para noviembre cuando se estrene en Nueva York Sunset Boulevard con Glenn Close.

Los autores franceses de Los miserables y Miss Saigon se defienden bien en la cartelera, pero sigue siendo sorprendente que títulos como Damm Yankees (la historia de un forofo del equipo de los Yankees que es capaz de vender su alma al diablo para lograr el tanto de la victoria), no pueda mantenerse en la cartelera. Todos estos espectáculos son musicales de carísima producción y que tienen como base una empresa formada por inversores que arriesgan su dinero para conseguir más dinero.

Sólo un compositor, Stephen Sondheim, ha conseguido el difícil reto de salirse de las normas establecidas, estrenando en Broadway espectáculos sin los componentes de una empresa comercial. Ahora la crítica y el público discuten sobre su último musical, Passion, la cruel relación de un hombre enamorado de una mujer fea y desagradable.

En este tipo de industria donde prácticamente las únicas obras de gran éxito son las dos partes de Angels in America (con el SIDA como tema central) ¿qué hacer con Arthur Miller o Sephard? en la historia de la literatura su puesto está asegurado, en la industria hay que saber con quien te las estás jugando.

Faltas dobles


Puede tratarse del inicio de un camino que se han trazado él mismo y sus entrenadores, Brad Gilbert y el orondo Gil Reyes, a los que los realizadores de la televisión australiana enfocaban sin descanso.

El encuentro se disputó bajo el sol asfixiante del verano australiano. Dos dobles faltas en su primer set (la sexta y la séptima suyas en todo el campeonato) permitieron a Pete Sampras agarrarse al sueño. Hubiera sido demasiado bonito para el «griego» ganar el torneo después de dos semanas en las que apenas ha dormido y en la que ha tenido que trabajar de lo lindo ante los peores rivales que le podían haber tocado. Sampras llegó a la final cansado, con seis horas más de trabajo eliminatorio que su rival. Su partido ante Courier en cuartos y ante Chang en semifinales le dejaron tocado. O eso es lo que parecía.

No hay un hombre que crea más en sí mismo que Andre Agassi. Lo dice su propio entrenador Gilbert, que repara en un detalle curioso: «El hecho de que haya tirado su gorra y que se decida a no esconder su alopecia -es un chico muy presumido- significa que sólo le preocupa lo que él mismo ve. Y sólo ve tenis».

Pese a perder el pelo y el primer set, Agassi la emprendió a golpes con las bolas de la final. Reaccionó de forma impresionante en la segunda manga, en la que se puso con 4-0 para terminar de forma apisonadora (6-1).

El tercer set fue de los mejores que se recuerdan en una final de un torneo del Grand Slam. Sampras dispuso de dos bolas de set, para ponerse uno arriba. La primera de ellas salió desde la raqueta de Agassi, tocó la cinta y cayó muerta en el campo del número uno. La otra no entró en la pista porque el revés de Sampras fue muy forzado. Se llegó al tie-break y allí se sudó hasta el 8-6 para el de Las Vegas. «A partir de ese momento, he de reconocer que me vine abajo. Fue decisivo», contestó el perdedor en la posterior conferencia de prensa.

«He de decir que llegué a la final muy cansado y preocupado por lo que he estado sufriendo esta semana, la enfermedad de Tim -Gullikson, su entrenador-, pero no es una excusa. Andre me ha sacado de la pista y me ha forzado a cometer un montón de errores», añadió Sampras.

Agassi dijo que ganó gracias al relajo. El mismo que hace una semana, al pasar a octavos, dijo: «Apuesten un par de pavos por mí», apuntó ayer datos sobre su éxito: «Aquí he estado muy calmado. Lo que me pasaba antes es que al llegar a una final no dejaba de pensar en el triunfo final. Aquí he estado pensando cada punto. Quería dar un paso adelante no en mi carrera sino en mi tenis. Coincide que haciendo una cosa se logra la otra. Mejor para mí. Pero lo importante es que me gusta cómo he jugado».

Y en la sobremesa


No puedo evitar un sobresalto cada vez que escucho la voz de Luis Mariñas. Desprende una energía excesiva, furor mantenido, desdén por las inflexiones. Supone una agresión para ciclotímicos, maníacodepresivos y demás gente de bien. 

Me resulta tan inhumana como la permanente sonrisa que adorna su jeta, ese gesto autómata que jamás permite adivinar si te va a informar de un nacimiento o de un entierro. No pretendo que Robert de Niro dedique los próximos años a presentar telediarios pero tampoco me anima la alternativa de un robot risueño. Cuando deseo enterarme de lo que está ocurriendo en este mundo, acostumbro a oír la radio, a leer un periódico o a imaginármelo. Ver el noticiario en la pequeña pantalla se convierte en algo rutinario, desapasionado, previsible. 

De vez en cuando, la fuerza intrínseca de determinadas imágenes consiguen emocionarte, pero muy difícilmente los comentarios que las ilustran. Hace un rato, esas imágenes mostraban la invasión de los guerrilleros salvadoreños al hotel Sheraton, y la nueva estrategia de los revolucionarios, consistente en tomar los barrios de la clase oligarca. La aviación gubernamental, que no duda en bombardear indiscriminadamente los barrios obreros, a la búsqueda de subversivos, ya no se atreve a soltar un petardo que pueda rozar la estabilidad doméstica de sus auténticos patrones. 

A pesar de esas evidencias, la derecha internacional se atreve a definir la batalla de Centroamérica como un enfrentamiento entre demócratas y rojeríos extremistas. Para vomitar. José Antonio Segurado me devuelve la alegría de vivir en la tertulia de Hermida. 

Ruega al periodismo que intercambie la crítica ácida con el elogio de la buena gente, afirma que en todo suicida habita un desequilibrado, se lamenta de la cantidad de puestos de trabajo que desapareceran si no encuentran al envenenador del agua mineral, y compara la sensación de un buen mitin con la de la mejor borrachera. Vuelvo a ser feliz.

MICROSOFT STORE España

¿Aún no sabes que puedes comprar tus productos Microsoft en Microsoft Store? Desde Surface, Office, Windows, Xbox 360, Software y muchísimos accesorios más de los que podrás disfrutar a grandes precios. 

El  software descargable estará disponible inmediatamente justo después de su compra, los artículos no descargables o físicos se enviarán de lunes a viernes durante el horario de oficina y además los pedidos anticipados se enviarán tras la salida al mercado. 

Para que siempre puedas estar tranquilo podrás hacer un seguimiento de tu pedido en cada momento y si por cualquier motivo no quedas satisfecho con tu compra o decides que ya no es lo que necesitas dispones de un plazo máximo de 14 días naturales para su devolución.

Hazte con uno de los códigos promocionales para Microsoft store y disfruta de sus ventajas.

Cuentan también con la mejor atención al cliente para ayudarte a que tus compras sean fáciles y con selecciones de sus expertos. 

No te lo pienses más y hazte con tu office 365 hogar, pequeña empresa, estudiantes y empresas 2013 a precios excepcionales junto con todos los demás artículos que ofrecen. 

Microsof Store es sin duda alguna la mejor opción de todo el mercado, solo tienes que entrar en su web.

Concha Piquer es irrepetible


El mismo día en que nacía Concha Piquer, el 8 de diciembre de 1908, un rayo mató al campanero del Miguelete de Valencia. 

A partir de ahí todo es verosímil. Es verosímil que su madre, costurera, vendiera su máquina de coser para que ella se pudiera comprar el vestido con el que debutar en el teatro Soqueros (un duro por domingo), lo es que marchara a América y que trabajara con Al Johnson, lo es que volviera a España y que casi no supiera hablar castellano, sólo inglés y valenciano, es verosímil que cantara las más intensas canciones compuestas por Rafael de León y Manuel Quiroga, también que Quintero le preparara los mejores espectáculos, que incidiera en la vida de los españoles hasta formar parte de su educación sentimental,- que su carrera haya resultado, prácticamente incomparable. 

Lo inverosímil es que una persona que cantara la gloria de esta forma fuera capaz de decir un buen día adiós y no querer saber nada más ni de f1usted ni de mí. Y cuando digo nada más es nada más. En contadas ocasiones apareció la Piquer. Y eso le valió entrar directamente en el descansillo de los mitos.

 Eso y las peculiaridades que f1hicieron de ella un personaje absolutamente irrepetible: su forma de decir la canción, y digo bien decir, más que cantar, su manera de pasear con un abanico a cuestas, su carácter soberbio y recio, ése que motivó que un día le preguntaran por qué no tenía amigas a lo que ella contestó «porque mi madre me parió muy guapa, con mucho arte y con mucha simpatía». Es irrepetible una artista que se niega a ofrecer bises en sus espectáculos, o que tiene narices para, en pleno Nacional-folclorismo, negarse a recoger el mismísimo Lazo de Isabel la Católica aduciendo que eso lo tenía ya «Pelé, Melé y el chico de Benaglé». 

Es irrepetible, en suma, que alguien perdure en el tiempo por encima de modas y tendencias. Las coplas de la Piquer, acaso como las de pocas, han estado en boca de porteras, meretrices, mariquitas, intelectuales, poderosos, munícipes y artistonas. Sus decires han sido imitados, sus cantares mil veces versionados, y, lo más importante, sus argumentos, mil veces asumidos. Ha sido arrabalera y wagneriana en Tatuaje, amante silenciosa en Madrina, pasional y feliz en Amante de abril y mayo, vengativa en Mañana sale, cursi en La niña de la estación, suplicante en Cárcel de oro, neutral narradora en La panala i0 o en La lirio, ilusionada y enamorada, en fin, en Ojos verdes. 

Su figura será objeto de revisiones y homenajes a medida que se vayan cumpliendo años y sus interpretaciones y grabaciones perdurarán como lo hacen las de los más grandes. Nadie se plantea hoy si Elvis o Lennon o la Piaff quedan antiguos o demodés. Suenan exactamente igual de frescos que el primer día. Tal como ocurre con la valenciana.