08 mayo 2012

Rihanna una bomba sexual

Las pruebas sobre la mesa se pusieron anoche en Barcelona, ante un Palau Sant Jordi a rebosar con 18.000 espectadores y expectante ante el estreno en Espa√Īa del Loud Tour, la gira que la ha tenido ocupada el √ļltimo a√Īo y que ya culmina (esta noche en Madrid). Un show centrado en su carisma y su atractivo, que no necesita un montaje desmesurado porque, salvando un juego poco sorprendente de pantallas gigantes y plataformas, el foco de atenci√≥n siempre es ella, sus contoneos, sus bailes y sus paseos a pierna descubierta. Desde el arranque √©pico con Only girl (in the world) hasta la conclusi√≥n con Umbrella y We found love, todo el espect√°culo gir√≥ alrededor de su figura esbelta y sus continuos cambios de vestuario, del vestido corto azul del principio al ondulado amarillo del intermedio, del cuero y las esposa de S&M a los diferentes biquinis que revelaron los secretos de su anatom√≠a. Quiz√° demasiado pastiche hard rock desperdigado entre algunas baladas que rebajaban la tensi√≥n del concierto.

Rihanna mostr√≥ las armas que la llevan al ojo del hurac√°n. Sabe c√≥mo activar los resortes para llegar a todos los p√ļblicos. Se trata de su imparable conquista del mainstream. Y est√° aqu√≠ para quedarse.

Su reinado en 2011 se concreta en un dato lapidario: su m√°s reciente single, We found love (con Calvin Harris) es la canci√≥n m√°s escuchada en la red social Facebook en todo el a√Īo (y eso que apareci√≥ en noviembre), con 71 millones de visitas v√≠a YouTube, muy por delante de Katy Perry, LMFAO, David Guetta, Skrillex y... Lady Gaga.

La receta m√°gica de Rihanna no tiene ning√ļn secreto: sexo y hedonismo, una f√≥rmula tan b√°sica como antigua, pero la m√°s eficaz para dominar en la cima del show bizz. No era la opci√≥n que apuntaba Rihanna en sus comienzos, cuando se mostraba tierna y caribe√Īa.

Fue descubierta en 2003, todavía adolescente, por el productor Evan Rogers, quien la llevó de su isla de Barbados natal a los despachos del todopoderoso sello Def Jam, donde editó Music of the sun en 2005, todavía con notables influencias de reggae, y donde ha permanecido hasta hoy con seis álbumes editados, casi a uno por temporada.

Su irrupci√≥n mundial fue con Good girl gone bad (2007), que no s√≥lo inclu√≠a Umbrella sino un buen pu√Īado de t√≥rridas baladas (como Rehab, con Justin Timberlake) y giros puntuales a la m√ļsica de baile como Don't stop the music, que avisaban a lo lejos de lo que estaba por venir.

El cuarto álbum, Rated R, contenía más morbo que canciones: fue la crónica de su ruptura violenta con Chris Brown, incluía cortes como S&M, que relataban la relación peligrosa y a tortas con su ex novio, y fue su descenso a un infierno del que, dicen, todavía no ha conseguido salir del todo psicológicamente.

Su √ļltimo videoclip, el de We found love, puede leerse como un roman √† clef videogr√°fico de esa obsesi√≥n, que adem√°s la ha llevado √ļltimamente a frecuentar la noche m√°s de lo que antes acostumbraba.

El a√Īo pasado, v√≠a Twitter, aparecieron fotos de su fiesta de fin de a√Īo en un hotel de Las Vegas con la beautiful people de los sonidos urbanos: Kanye West, Jay-Z (su mentor) y Beyonc√© (se√Īora de √©ste), entre lujos y botellas de champ√°n. En su cabeza, esa party arranc√≥ hace tiempo, y contin√ļa. Su verdadero despegue, que desemboc√≥ en la evoluci√≥n l√≥gica de 2011 como diva dance, se produjo el a√Īo pasado, en v√≠speras de la edici√≥n de Loud, su quinto √°lbum: que se ti√Īera el pelo de naranja era una cuesti√≥n circunstancial, pero no que el single de avance fuera Only girl (in the world), un trallazo pasional y vociferante de eurotrance, producido por los suecos Stargate y adaptado a las necesidades del R&B masivo. Aquel tema fue el exitazo de una corriente que, previamente avanzada por Kelis y Flo Rida, se hab√≠a impuesto en el pop negro: copiar los patrones electr√≥nicos de productores europeos como David Guetta.

Rihanna se reinvent√≥ as√≠ como estrella de la m√ļsica de baile y ha seguido manteniendo esa l√≠nea con el reciente Talk that talk (2011), irregular pero con un par de singles indiscutibles, que no han dejado crecer la hierba en las pistas de baile.

Las opiniones contrarias a esta bad girl siempre han ido en la misma direcci√≥n: sus discos contienen, por lo general, un exiguo pu√Īado de canciones buenas y mucho relleno, quiere tocar demasiados palos -la balada, el reggae, el R&B ardiente- pero s√≥lo acierta de verdad en los n√ļmeros de baile y le falta voz, aunque lo compensa con un sex appeal salvaje y curvas m√°s peligrosas que las del circuito de Monza. Se la acusa de ser una diva prefabricada al dictado de Jay-Z, un hombre que sabe sacar dinero de cualquier parte.

Pero, al fin y al cabo, el pop de consumo tiene estas cosas y las cantantes se vuelven memorables si su repertorio resiste el paso del tiempo y marca la actualidad, dos condiciones que con Rihanna se cumplen.

El p√ļblico est√° con ella y anoche, en el primero de sus dos conciertos en Espa√Īa -un Palau Sant Jordi de Barcelona lleno hasta la bandera- se confirm√≥ el idilio entre sus heterodoxos fans y la que parec√≠a una reina imposible para el pop negro. Su gran victoria ha sido igualar (o superar) a Beyonc√© en ventas, difusi√≥n y popularidad cuando todo el mundo vaticinaba que se estrellar√≠a contra ese muro. Lady Gaga tambi√©n la teme. S√≥lo tiene 23 a√Īos y a√ļn no se le conoce el l√≠mite.

La vida de Rihanna est√° marcada por su relaci√≥n con Chris Brown. Y no, no es una broma de mal gusto sobre la agresi√≥n que sufri√≥ la cantante caribe√Īa por parte de su entonces novio en los momentos previos a la gala de los Grammy en 2009. Aquel episodio de violencia puso fin de forma abrupta a una breve relaci√≥n que, sin embargo, ha estado presente desde entonces en la carrera musical de la joven. As√≠ en Loud, publicado un a√Īo despu√©s de la agresi√≥n, se inclu√≠a una canci√≥n, S&M, que hac√≠a referencia a las inclinaciones sadomasoquistas de Rihanna. En una entrevista concedida a la revista Rolling Stone en marzo de este a√Īo Rihanna confesaba: «Me encanta que me azoten. Me gusta llevar las riendas en mi vida, pero me divierte ser sumisa en el dormitorio. All√≠ dentro puedo ser una peque√Īa dama y tener a un macho que se responsabilice de la situaci√≥n. Eso es sexy». Tambi√©n echaba la culpa a su padre, alcoh√≥lico y drogadicto: «Creo que soy un poco masoquista. No es algo de lo que est√© orgullosa, y no me di cuenta hasta hace poco. Creo que es com√ļn en la gente que fue testigo de maltratos en su infancia».

El √ļltimo cap√≠tulo de esta cr√≥nica de autodestrucci√≥n es el v√≠deo de We found love, sencillo de lanzamiento de su √ļltimo disco, Talk That Talk. En √©l, Rihanna aparece envuelta en una relaci√≥n destructiva con un novio que recuerda poderosamente a Chris, con el que se coloca y se refocila sexualmente, pero que tambi√©n la humilla (un tatuaje en el trasero que pone «m√≠a») y la veja f√≠sicamente. Aunque ha querido limpiar su imagen casquivana con una adorable colaboraci√≥n en el nuevo disco de Coldplay, (en el tema Princess of China) su apuesta por la provocaci√≥n ha desatado las protestas por ser «una posible mala influencia para las ni√Īas», seg√ļn la ex spice girl Mel C.

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