19 mayo 2012

Siguiendo la pista a los ángeles

Tras un éxito como el de La cena secreta (Plaza&Janes, 2004), que se tradujo a 43 lenguas y se coló en el sexto puesto de los 10 libros más vendidos en Estados Unidos, según The New York Times, al escritor turolense de 39 años Javier Sierra se le planteaban dos alternativas: repetir fórmula o mantenerse fiel a sí mismo y reinventarse. Se decidió por la segunda, sin saber que tal decisión conllevaría, entre otras cosas, cinco años de su vida, recorrer miles de kilómetros, y escalar el monte Ararat, en Armenia. El resultado de este largo y físico proceso de investigación -en el que Sierra viajó a menudo, según sus propias palabras, "sin reserva de hotel y esperando a que me golpease el destino"- se llama El ángel perdido (Ed. Planeta).

La novela, ambientada en la Galicia actual, pero también en la frontera entre Irán, Armenia y Turquía, está inspirada en el lenguaje de los ángeles ideado por John Dee, matemático, astrónomo y geógrafo de la reina Isabel I de Inglaterra, que dedicó gran parte de su vida a intentar comunicarse con ellos. En la obra, Sierra plantea, además, una hipótesis en clave de ficción sobre el diluvio universal y el reinicio de la Humanidad, y se hace eco de las teorías que, apoyadas en el legado cultural de Galicia, apuntan a una posible llegada del Arca de Noé en esas tierras. Ángeles, humanos, Historia, tecnología de vanguardia, mitología y aventura se mezclan en un libro que descubre algunos de los lugares más enigmáticos y controvertidos de una ruta de iniciación precristiana llamada hoy en día Camino de Santiago, y que el escritor nos ha querido mostrar de su propia mano.

1. EL PÓRTICO DE LA GLORIA, CATEDRAL DE SANTIAGO. Escenario de la primera parte del relato de Javier Sierra, el Pórtico de la Gloria -una de las obras maestras del Románico mundial- se encuentra en la novela, igual que en la realidad, en proceso de restauración. Durante los trabajos, se ha producido un importante descubrimiento: el dintel es una única pieza, y las figuras se apoyan en él como si de un puzle se tratara. Sin embargo, según el escritor, "aún quedan en esta obra del maestro Mateo muchos enigmas, como la representación de una cabeza en la base de la columna central que podría ser la de Gilgamesh, héroe de la narración escrita más antigua de la Historia". El misterio reside en que el texto sumerio al que se refiere, la Epopeya de Gilgamesh, se descubrió en el siglo XIX y el pórtico fue construido en el XII. "¿Conocían en esa época los textos sumerios? ¿O acaso hemos olvidado el auténtico significado de los escritos que nos han transmitido?", apunta. Julia Álvarez, protagonista de El ángel perdido, es restauradora e intentará, durante un viaje que la llevará de Santiago al monte Ararat (Turquía), dar respuesta a esas preguntas.

2. LA PIEDRA FUNDACIONAL Y EL SÍMBOLO DESCONOCIDO. En el extremo sur del crucero de la Catedral se encuentra la primera piedra del primer templo, aquel sobre el que se realizaron las ampliaciones que resultaron en la actual iglesia compostelana, considerada el segundo centro de peregrinación católico más importante después de la Basílica de San Pedro en el Vaticano. Junto a la mencionada piedra madre, "existe una marca de cantero cuyo significado preciso es desconocido", explica Sierra, quien la ha integrado en su novela, como muchos otros elementos del santuario compostelano, donde sus protagonistas la descubren de manera inesperada. "Aproximadamente el 30% de lo contenido en la Catedral de Santiago tiene un significado controvertido", sentencia el autor.

3. EL CAMINO DE LAS ESTRELLAS. El Campus Stellae, único monumento moderno de la Catedral, situado también en el extremo sur de su crucero, es para Javier Sierra un lugar especial. "Se trata de una donación de varias asociaciones gallegas con motivo del Año Santo Compostelano de 1999. El nombre oficial de la obra, creada por Jesús León Vázquez, es El camino de las estrellas", explica el escritor, quien ve en él la apertura de la Iglesia a una interpretación más esotérica del Camino de Santiago, como ruta que seguía la Vía Láctea. Esta tesis fue acuñada por el escritor francés Louis Charpentier en los años 60, y el autor de El ángel perdido ya la utilizó en su novela Las puertas templarias (Ed. Círculo de Lectores, 2000). Una serie de topónimos relacionados con la Vía Láctea a lo largo del Camino son el principal argumento de la teoría: "El Pic d'Estelle, en el Pirineo francés, Estella y Astráin (Navarra), Les Eteilles (Luzenac, Francia), Estillón (Pirineos), Lizárraga (estrella en vasco), o Izarra (Álava)", detalla Sierra.

4. LA FACHADA DE LAS PLATERÍAS. Edificada entre 1103 y 1117, ésta es la única fachada románica que se conserva en la Catedral. Sus dos puertas se abren a la plaza de las Platerías, donde discurre gran parte de la acción de la novela, que se extiende durante 72 horas. Esta fachada ha permanecido prácticamente intacta desde su construcción, a excepción de algunos relieves incorporados más tarde. "Es curioso que, a pesar de que en Galicia no hay mármol, en esta fachada existan tres columnas de este material, más una cuarta que se perdió", explica Sierra. En la plaza se encuentra el Café Quintana, cuya terraza se puebla en verano y primavera con turistas, peregrinos y compostelanos atraídos por una ubicación privilegiada. El autor convierte en protagonistas de su libro a cuantos se sienten en sus antiguos taburetes de madera porque son objeto de extraños fenómenos.

5. NOIA, LA ÚLTIMA ETAPA DEL CAMINO. "A 30 kilómetros de Santiago, está considerada como el punto donde acababa la antigua ruta de peregrinación", explica el escritor. Las 400 lápidas medievales vacías encontradas en su cementerio, con diferentes inscripciones, dan fe de ello. "En ellas no se han encontrado cadáveres. Los peregrinos tallaban la losa para enterrar al hombre que fueron, una especie de ritual de renacimiento, y los signos servían para identificarlo. Algunos hacen referencia a su profesión, pero muchos tienen un significado desconocido. Es la colección de este tipo de lápidas más importante del mundo". Noia es uno de los lugares que más elementos ha aportado a El ángel perdido: "En la iglesia desacralizada del cementerio, encontramos un sarcófago del siglo XV con el nombre de Juan de Estivadas escrito al revés. Como Noé, Estivadas era bodeguero, y en el escudo de Noia aparece el Arca". Sierra incluyó a Estivadas en su novela, y convirtió el escudo de la ciudad en una medalla: "Hay quien piensa que el Arca de Noé pudo atracar aquí, y se refiere al Camino de Santiago como el 'Camino de Noé'. Y el nombre de Noelia, hija de Noé, es muy común por estos lares...".

6. CABO DE FINISTERRE. "Es la frontera entre lo divino y lo humano. Para los celtas, para los romanos, este era el fin del mundo, finis terrae, y muchos historiadores consideran que aquí acababan las peregrinaciones paganas anteriores a la cristianización", desvela el escritor. En toda esta zona "mágica" se han descubierto restos prerromanos, romanos y medievales, que atestiguan su importancia como lugar de peregrinación. Todavía hoy parte de aquellos que alcanzan Santiago a pie continúan hasta el que fue considerado, en su época, el cabo más occidental de Europa, para disfrutar de una puesta de sol que funde fuego con agua: "El Camino de Santiago son muchos caminos...", añade Sierra, enigmático.

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