16 octubre 2012

Los estafadores por fin libres

Todo el mundo pensaba que el nombre de Ivan Boesky no volvería a ocupar las primeras páginas de los diarios neoyorkinos, salvo para rememorar unos oscuros días de Wall Street, allá por 1986. Pues bien, el lunes pasado millones de americanos supieron que Ivan Boesky, el hombre que ganó millones de dólares jugando con la información confidencial, saldría de la cárcel esta misma semana. Boesky emulará a los astros de cine que recientemente desfilaron en Hollywood para actuar como testigo en el juicio de otras personas implicadas en negocios ilegales.

Drexell Burham Lambert, la casa más castigada entre los bancos de inversión, vuelve a la palestra para explicar sus métodos de emisión de bonos basura y los riesgos que tuvo que tomar con aquellas operaciones.

Pero Boesky no solo seguirá testificando contra sus ex colegas del dinero fácil. Hoy miércoles habrá cumplido la prevista sentencia de tres años, con la que se le condenó en 1987, según Reuter. Tres años quizás fueran pocos, a juicio de algunos abogados neoyorkinos que no simpatizan con Boesky, pero esa ganga se debe a que Boesky prometió colaborar con las autoridades federales norteamericanas para remover la basura que se esconde en las esquinas de Wall Street.

Quien haya visto el film «Wall Street», protagonizado por el americano de origen asturiano Charlie Sheen, recordará que la última secuencia de la película consistía en una confesión grabada en medio del Central Park. Charlie Sheen era Boesky. Que Boesky haya salido de la cárcel no significa que sus «trabajitos» para la Securities and Exchange Commission hayan terminado. Boesky seguirá testificando. ¿Y mientras tanto? Su abogado Robert McCaw ha dicho que Boesky todavía no tiene claro cuáles van a ser sus próximos pasos en el mundo profesional.

A lo mejor escribe sus memorias. Desde luego, la casa editorial que se lance a tal proyecto sabe que la biografía de Boesky está cargada de emoción. En 1986, saltó a la fama al reconocer públicamente que había traficado con información confidencial. Tuvo que pagar 100 millones de dólares para expiar sus culpas. Luego, tras de él, cayó Michael Milken, el que fue rey de los bonos basura.

La vida de Boesky en la cárcel ha sido de gomaespuma. Este financiero se benefició de un programa que le permitía pasar gran parte de su tiempo en su propia casa, aunque confinado. La cárceles americanas estaban tan llenas, que era mejor sujetar a los presos por control remoto que tenerlos allí hacinados, aunque fueran unos redomados estafadores.

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