19 mayo 2013

Con más lentejuelas que ideas

Desde que los chicos de la Disney han desembarcado en la deteriorada calle 42 y se han traído los más asombrosos efectos especiales, Broadway se reafirma en lo que para algunos expertos es su futuro inmediato: convertirse en un enorme Parque de Atracciones. Con La bella y la bestia se cierra el círculo sagrado del mejor espectáculo para toda la familia y para todas las culturas.

El precio de las entradas de un teatro del centro es prohibitivo para muchos y los espectadores que esperan los productores vienen del turismo y de los que se regalan una vez al año una de las localidades como premio especial. Este tipo de público no quiere encontrarse con espectáculos demasiado innovadores, buscan asombrarse con decorados espectaculares, estrellas del cine o la televisión y más lentejuelas que ideas.

Los mas jóvenes llenan Grease, protagonizado por ídolos juveniles de la tele. Para los padres de esa generación Tommy fue una película revolucionaria con la música de Los Who, ahora es un espectáculo magnífico, y para los abuelos hay una obra que se repone para celebrar su 30 aniversario, She Loves me, basada en La Perfumería de Miklos Laszlo. El anuncio de Cats parece formar parte de la fisonomía de la ciudad y se suma a los enormes ingresos del compositor Andrew Lloyd Webber con El fantasma de la ópera -no hay entradas- y la venta anticipada para noviembre cuando se estrene en Nueva York Sunset Boulevard con Glenn Close.

Los autores franceses de Los miserables y Miss Saigon se defienden bien en la cartelera, pero sigue siendo sorprendente que títulos como Damm Yankees (la historia de un forofo del equipo de los Yankees que es capaz de vender su alma al diablo para lograr el tanto de la victoria), no pueda mantenerse en la cartelera. Todos estos espectáculos son musicales de carísima producción y que tienen como base una empresa formada por inversores que arriesgan su dinero para conseguir más dinero.

Sólo un compositor, Stephen Sondheim, ha conseguido el difícil reto de salirse de las normas establecidas, estrenando en Broadway espectáculos sin los componentes de una empresa comercial. Ahora la crítica y el público discuten sobre su último musical, Passion, la cruel relación de un hombre enamorado de una mujer fea y desagradable.

En este tipo de industria donde prácticamente las únicas obras de gran éxito son las dos partes de Angels in America (con el SIDA como tema central) ¿qué hacer con Arthur Miller o Sephard? en la historia de la literatura su puesto está asegurado, en la industria hay que saber con quien te las estás jugando.

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