02 mayo 2013

Influimos en Depeche Mode

El dúo OMD (Orchestral Manoeuvres in the Dark) regresa por despecho. Paul Humphreys y Andy McCluskey sentían que se les estaba escamoteando su lugar en la Historia. «No fue la única razón, pero resultaba frustrante que sólo se hablara de The Human League o Depeche Mode. ¿Y nosotros? ¡También estuvimos allí en los 80!», se queja educadamente por teléfono McCluskey. «Quizá no se nos recordase porque no hicimos los vídeos más caros, ni vestimos la ropa más estúpida. Ahora que se da más importancia al pasado de la música electrónica, nos hemos vuelto icónicos».

El cantante del dúo de Liverpool, que actúa hoy en la sala Heineken de Madrid y mañana en el Apolo de Barcelona, insiste en reivindicar su papel de pioneros del synth-pop: «Depeche Mode nos dijeron que escucharon nuestro primer single, Electricity, en un club de Basildon, su ciudad, y fue toda una revelación: '¡Eso es lo que tenemos que hacer! ¡Sintetizadores!'. Les influimos directamente porque ellos mismos nos lo han reconocido».

A falta de confirmación de Dave Gahan y compañía, la cronología parece corroborar el episodio. El seminal sello Factory (feudo, entre otros, de Joy Division, New Order, The Durutti Column, Cabaret Voltaire, Happy Mondays o James) editó Electricity en junio de 1979, dos años antes del debut de Depeche Mode.

«Factory era una locura absoluta», recuerda McCluskey, «porque tenían poco dinero, así que muchas grabaciones se realizaban por la noche para que fuese más barato. Hicimos Electricity con Martin Hannett (legendario productor de Joy Division). Hacia las 3 de la mañana, se subió a una mesa y se puso a dormir. Le teníamos tanto miedo que nos quedamos sentados allí hora y media sin atrevernos a rechistar. Luego se despertó y reanudó el trabajo como si nada».

Tony Wilson, fundador de Factory, les llamó «el futuro del pop». No les gustó nada. Ellos se veían como fervientes discípulos de los visionarios vanguardistas alemanes de los 70 y de la santísima trinidad del modernismo británico: «Nos inspirábamos en Kraftwerk, Neu!, La Düsseldorf, Eno, Bowie, Roxy Music... No queríamos hacer pop, queríamos ser experimentales, creíamos que lo éramos. Tony fue el primero que dijo: '¡Esto es pop!'. Nos sentimos muy ofendidos, pero tenía razón, por supuesto. Combinar experimentos con melodías pegadizas no fue deliberado. Inconscientemente, asimilamos la mentalidad de Kraftwerk, añadiéndole una pizca de energía punk y puede que algo del glam de Slade o Gary Glitter, que oíamos a los 12 años».

Entre aquel single inicial y su último álbum, History of modern (distribuido por PIAS), publicado en 2010, han transcurrido tres décadas. «La industria respondió mal y demasiado despacio ante la era digital, y ahora está jodida. Hay mucho menos dinero y beneficios. Como alguien que se gana la vida con la propiedad intelectual de sus canciones, creo que la piratería es un robo, pero se ha vuelto tan común... ¡Mi hijo de 16 años se baja canciones gratis con un ordenador pagado por mis derechos de autor! Es como si la música ya no tuviese valor», explica.

OMD ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos. Se autoeditan: «Somos dueños de nuestro álbum. Hoy día puedes hacer un disco en tu casa con tu ordenador, no necesitas a una discográfica. Lo bueno es que, aunque no vendamos tanto como antes, ahora ganamos cuatro o cinco veces más por copia que si nos pagase una compañía. Hemos vendido 125.000 ejemplares del CD».

Los conciertos en Madrid y Barcelona, donde tienen como teloneros a una prometedora banda de Brighton llamada Mirrors (influida por Kraftwerk y Joy Division), llegan tras una larga gira por Estados Unidos. Será el estreno español de History of modern, su primer disco en 14 años: «No queríamos copiarnos a nosotros mismos, pero sí hablar de nuevo con la voz de nuestros primeros cuatro álbumes».

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