20 mayo 2013

Joe Cocker no pasa de moda

Veinticinco años después de la legendaria versión de With a Little Help From My Friends, Joe Cocker volverá a cantar en Woodstock el próximo mes de agosto.

Allí celebrará sus bodas de plata con la gloria: en aquel lejanísimo día caliente y lluvioso se la encontró de improviso, ante quinientas mil personas, en la reunión del siglo, que ahora algunos empresarios están a punto de recrear.

Nos lo ha anunciado él mismo, en un hotel de Amsterdam, riendo por las muchas Woodstocks que se proyectan, en competencia, para el 25 de agosto: «¿Ha oído hablar de la Woodstock vegetariana? No consigo imaginar qué diablos puede ser», dice. Ahora tiene el pelo cortísimo. Vestido totalmente de negro, parece un señorito y no un desharrapado, como estábamos acostumbrados a recordarlo. Una barriga majestuosa es la señal más evidente del último paso adelante por el camino de la vida regular: «Hace un año que dejé de fumar. ¿Dejar de beber? Bueno, calma, las cosas de una en una, y además no es que me tenga que hacer fraile».

El rostro liso, el habla clara y los ojos brillantes de este joven que ha cumplido cincuenta años hace diez días, denuncian un estilo de vida fuera de sospecha. La enciclopedia rock Rolling Stone recordaba sin cumplidos: «Sus excesos con las drogas y la bebida le han ganado la reputación de vomitar frecuentemente en el escenario; cada «tournée» parece un retorno inesperado». Sin embargo, ahora Joe lleva una vida muy comprometida: con su mujer, Pamela, está acabando de construir un rancho con 40 caballos en las montañas del Colorado.

«¿Que por qué vuelvo a Woodstock? Yo no quería, pero ha insistido mucho mi viejo manager, Michael Lang. He comprendido que se ha asociado con otros 5 empresarios porque ahora no es como entonces, aquí hay un negocio colosal. Estarán los Pearl Jam, Guns N' Roses, y, de los antiguos, yo, Crosby, Stills, Nash y Young, Carlos Santana...»

A Cocker no le cuesta mucho esfuerzo situarse en la época del primer Woodstock. «El otro día hacíamos un vídeo en Nueva York, y alguien me dijo: "Qué extraño, haces un vídeo y vuelve a salir la película de Woodstock en digital". Fui a una sala para verme cuando bajaba en helicóptero sobre la muchedumbre. ¿Cómo era? Ya me había roto la nariz dos veces. Me emborrachaba. Pero era un muchachito lleno de energía, y esas energías ya no las encuentro allí».

Antes, Joe Cocker ya había estado dos veces de «tournée» con su Grease Band. «Al final de la segunda vuelta nos enteramos de que había algo verdaderamente grande, y estuvimos atentos hasta que nos contrataron. Woodstock fue como un gigantesco «clip» que hacía propaganda del movimiento hippie. Se pensaba que aquella oleada de paz, amor y música no acabaría jamás. Sin embargo, desde entonces fue como si todo se derrumbara».

Antes de ir no tenía, la verdad, una idea precisa de lo que sería el concierto. «Me habían dicho que como máximo habría 100.000 personas, que ya eran muchísimas. Pero cuando llegué en helicóptero sobre aquel océano de cabezas, me sentí mal. Me fui derecho hasta el escenario, muerto de miedo. Tenían un hueco y éramos los únicos preparados para tocar».

Y recuerda que al principio el «feeling» brillaba por su ausencia. «En las primeras horas de la tarde, llovía, y cada uno de los 500.000 estaba haciendo sus cosas. Algunos comían bocadillos, otros fumaban hierba, y otros tomaban cualquier otra cosa. Para atraer la atención hablé un poco. Nada. Entonces pensé que había que comenzar. Tocamos Let»s Go Get Stoned, de Ray Charles, mi maestro: por fin comenzaron a mirarnos».

Y sigue hablando de cómo han cambiado las cosas, de las diferencias entre los jóvenes de hace veinticinco años y los de ahora. «Pienso en Kurt Cobain de Nirvana, que se ha matado. Esta es la diferencia: yo todavía estoy aquí, y me pregunto por qué; cuando perdía la cabeza nadie venía a decirme: "Hey Joe, atención que te estás matando". A esa edad la tienes tomada con el mundo, y si ves a alguien que está sobrepasándose, eso es cosa suya. Me ha disgustado que nadie le haya ayudado. El dijo que ya no conseguía sentir pasión».

«Yo encontré esa pasión, pero la había perdido durante mucho tiempo; me ha costado reencontrarme conmigo mismo. He vivido con gran confusión mental, el escenario era una pesadilla. Hoy, los muchachos tienen más distracciones, creo, pero todos tienen esa manía del modo de vestir. Cuando yo era joven, nos vestíamos como se presentaba. Nuestra generación vivía más las propias emociones».

Después de Woodstock II, Joe Cocker comenzará desde Sudáfrica una gira de un año completo con un nuevo disco que estará en la calle en septiembre. Have a Little Faith es un trabajo lleno de «hit» potenciales, entre soul, blues y pop cantados con la mítica expresividad de una voz de papel de lija, endulzada ahora gracias a una vida sana. Hay preparado un documental sobre su vida y finalmente, en noviembre, la Universidad de Sheffield, su ciudad, que lo vio como empleado de gasolinera, le conferirá el doctorado «honoris causa».

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Etiquetas